viernes, 22 de agosto de 2008

Poesía Urbana


Umbral

Augusto Rubio Acosta


Se internó en los basurales
del rico Progre
( al fondo hay sitio )
se acercó a los pasteleros del reservorio
para preguntarles por Dios
sospecharon de la ingenuidad de sus palabras
del reportaje hirviendo
de los abismos de sus vidas…
¿Quién mierda eres para hablarnos
de los últimos tronchos del verano?
¿por qué preguntas por la soledad de los cañazos
en la refri abandonada de tus días?...


Un día causa
nos dijeron:
“nunca se acuesten en los pasadizos”
(por ahí caminan vivos y muertos)
“jamás confíen en los periodistas”
(esos cojudos que lo cambian todo)
por eso jateamos aquí
sobre el colchón de panca
y nuestra muerte joven
aquí estamos
vivitos
gritando
( y fumando rico )
sobre esta pampa
edificaré mi casa
( soli )
adentro florecerán mis yerbas
y habrá de macerarse
el amargo licor de nuestra historia.
Pero ¿a quién le importan
( reportero )
tus poemas de pollada?
¿a quién carajo las patrañas
culturosas y cojudas de tu vida?...


Se internó en los corralones
de la noche
para preguntarse
si esa terca soledad aún lo habita
o si ya es indubitable
el tiempo la certeza
la pisada
de su nueva vida.

viernes, 4 de enero de 2008

poema a Freud de Augusto Rubio Acosta


Encuentro con Freud en la Parada El Progreso


Qui addit scieniam
addit et dolores


Augusto Rubio Acosta



Amaneció en el bar
interpretando mi insomnio
mordió una papa amarilla con euforia
y repitió el pellejo reventado
( a dos lucas y media el plato )
se solidarizó con Copérnico
Darwin Marx
y con la barba insulsa de Charcot
los fruteros preguntaron por él
al ver su foto en el periódico
se palteó con el cireo del ruquerío
( fui fuiiu… )
en el jirón Victoria
se disfrazó de predicador chamán
candidato a palaciego
y junto al monumento al cachaco
( desconocido )
ofrendó su conocimiento al mar.


… En mi gobierno
los sueños de los niños
( proscritos )
tendrán sentido
aunque ellos jamás lo sepan
lo que suceda en sus cabezas
me será comunicado
y aflorará el inconsciente
vital bestial y asqueroso
que nos ha hecho como somos
que ha reprimido nuestra voz
hasta hacerla insignificante
censurando el mejor matiz
de nuestra perdición.


Onírico y verás
( con pinta de reforma agraria )
un pelador de pollos
preguntó por el dibujo el casillero
el numerito a marcar
en la cédula de sufragio
en su humanísima condición de globalizado
un maruchero se inspiró:
por qué michi no pegas tu cacharro
en los postes causa no seas cojú…


Las pachangueras al costado del puente
nos ofrecieron champú cuando nos fuimos
en las chinganas de Jorge Chávez
bebimos a borbotones el brebaje vulgar
de nuestras propias desgracias
estoy cansado de reflejarme en las chairas
aberraciones y neurosis
harto de la mustia luz de los semáforos y silbatos
que no me dejan prolongar mi tiempo
y soñar
estoy lejos de Bergasse 19
de Viena inerme de las frutas podridas
y de la histeria de su mar.


La primera vez que Freud visitó El Progreso
una verdad descalza gris e impronunciable
inundó como una correntada violenta
esa intensa letanía el jardín inexistente
de nuestra invisible infancia.
Hemos perdido el entusiasmo Sigmund
no escribiremos más
ahora nos toca soñar.
www.mareacultural.blogspot.com

una crónica de fin de año





Here comes the sun,
here comes the sun
and I say it's all right

Augusto Rubio Acosta


Diez de la noche. Avenida Gálvez. Treinta y uno de diciembre. Escuchando la música extraviada que vomita algún parlante colorido a mitad de nuestra cuadra (va a haber tono), avanzamos a pie esquivando las bolsas de basura abiertas y las cajas de panetón inmundas regadas en la acera, camino al malecón.
Si quieres saber de mi vida, anda pregúntale al mar…, había leído El Innombrable en no sé qué oscuro y luminoso libro que jamás le devolvieron, y terminó convenciéndonos para asistir al ritual, acabó contagiándonos su pavorosa sed y haciendo gala del floreo maldito que se manejaba, trazó el mapa de nuestra ruta.

Y ahí estábamos: la Refri, con su mirada adolescente, los anteojos de carey poblando el parpadeo de las lucesitas de los árboles, y sus piernas chuecas (pero buenas); ahí estaba la Mily, la loca esa, regalona, la mejor herencia que su difunto padre había dejado a la cuadra (porque el resto de sus hermanas estaban para el gato) y que siempre solía pulirse un absolut vodka de su bosque-tienda para invitarle a los patas, a su gente, a la mancha. El tercer material –el de fondo- se llamaba Mayte y masticaba siempre clorets eucaliptus cuando estaba nerviosa o para intentar ocultar –inútilmente- el tufo bravo de las amanecidas sin nombre; pero a ella se le perdonaba todo porque era linda y estaba fuerte, porque todos la habíamos soñado en nuestras camas de tablas viejas y porque era la quinta esencia, la coca-colita en el desierto de nuestro barrio pobre pero añil claridad.

A Vicius no se le ocurrió mejor idea que redactar un manifiesto: una larga lista de reclamos y deseos frustrados se volvió a repetir sobre un papel en blanco, el mismo que fue introducido en una botella. El i-pod del Innombrable dejaba oír el Honky Tonk woman y Vicius sacó partido a su aire a Mick Jagger, un Jagger cholo -stone del jirón Pizarro- y se puso a cantar a voz en cuello de cara al mar… Cuando acabó la canción, sonó el Here comes the sun, de The Beatles, y nos pusimos a cantar en coro.

Little darlin' it's been a long cold lonely winter
Little darlin' it feels like years since it's been here
Here comes the sun, here comes the sun
And I say it's all right...

De a poco se fueron acercando pal` brindis los ebrios de fin de año, las parejitas entonadas y transeúntes de la zona, los chibolos que reventaban cohetecillos ante la luz indómita de los autos, y nosotros cantándole a la vida y al amor cojudo como burros en primavera…Saludsalud, causita. ¡Salud, flaca! ¿Y quién va a lanzar la botella al mar, brother? Tú, Mayte; no, yo no. Tú, Vicius; no, chochera, yo paso. Tú, cimarrón… Entonces, cuando a todos nos parecía sentir las once de la noche en nuestros rostros, cuando la desfalleciente luna dominaba la Plaza 28 de Julio, y el vértigo ancestral y delirante de la música había atraído a una docena de juveniles e irredentos gruopies, nuestro pequeño mundo de flores, petardos, hard rock y coronas de espinas se vino abajo: el puto serenazgo había llegado.

Oe, Chunchito, yo pago mis impuestos ¿ya?; además la plaza es de todos, no es tuya… A ver, pé, sácame. Sácame, pues, oye, cerdo; sácame… Un sereno con cara de caficho reía a bordo de la camioneta. La Refri, grandaza, estaba lo suficientemente acalorada como para espantar a los uniformados ella sola. El sereno caficho se acercó –sorprendentemente- a abrazarla fuerte... Se apachurraron, se besaron (creo), se sonrojó, se le evaporó la risita al chofica y se subieron al roca a seguir loreando. Ya vamos promoción, cálmate y no seas achori. Qué te cuentas; vítame del queirolito y te pongo un cidí paja que estoy seguro te va a gustar… Ya muchachos, todo tranqui, no pasa nada acá… ¿Por qué no nos dejan de joder, oye, y la hacemos juntos mano; es año nuevo, promoción, no jodan, pues…

La luz de los postes nos enceguecía de rato en rato. Mayte y las chicas se habían entonado pasadas las once y media. Los chibolos que reventaban ratablancas se guardaron en sus casas in promptus y nadie, nadie ya estaba en la plaza –sino nosotros- a esa altura de la noche. Sólo el etéreo sonido del i-pod, la voz de Jagger -y nuestros aullidos- flotaban en el malecón junto a una botella sin lanzar.

Los serenos sí que eran jarros; dos joncas mitad mitad salieron deadebajo del asiento donde van los faltosos. Saludsalud, chochera; ¿qué?, ¿ya ves?, sírvete lleno, brother, es año nuevo, mañana es feriado y no tendrás que llegar entelado a la oficina, hacerte el cojudo (el que trabajas harto) y volverás a este mismo roca para continuar quitándole sus carretillas y su merca a las tías que venden sandía y cachivaches en El Progre. Abusivo eres m…

La noche estaba a punto y nos pusimos a planificar lo que venía. Recorrimos el sur, las discotecas estaban llenas y los karaokes reventaban; visitamos uno que otro tono que nos esperaba como invitados o paracaidistas, pero ya habían sido: nada fuera de lo común, nada nice e interesante... ¿Y si volvemos a la cuadra? El tono debe estar arrancando…

El vehículo edil se estacionó a un costado de la estera de carrizo (mismo velorio) que bloqueaba el ingreso a los pirañas de la zona. No nos quedaba otra… Habla vecino, cómo es para entrar. Pasa nomás, Cimarrón, ustedes son del barrio...
Y a nosotros, que nos gustaba un tanto cierta música difícil, terminamos bailando a rabiar con el Grupo Maravilla, revolcándonos con Chacalón, Pintura Roja y haciendo trencitos con el Grupo Néctar. El trago pasaba de mano en vaso en las bancas y mesas instaladas a mitad del asfalto. De la cerveza inicial se pasó a un vino de cinco lucas la botella y a la venta en el Comedor de Heraldo. Las muchachas sudaban, ardían. El baile se hizo general como a la una y en los telos del frente empezaron a sonar los timbres para quemar el año ido. ¡Feliz año nuevo, muchachos!, si yo los conocí chiquitos… Los viejos verdes de la cuadra parecían disfrutar recordando sus tiempos alrededor de la nostalgia. ¡Este año va ser mejor, carajo!, ¡este año salen nuestras veredas del presupuesto participativo y nos cambian el podrido desagüe!, ¡Tantos años esperando!...

Los tonos huaynocumbieros debían ser siempre así de malditos, igual de radicales en cuanto al baile, mucho más entrañables que cualquier tono en la ciudad (aunque nadie nos crea)… Y la Refri empezó a cantar Antahuara, Vives equivocada (casi llora la desgraciada) y después El tikitiki, de Los Mirlos. Los cocharcas de la cuadra pidieron a gritos al diyéik que pongan Esclavo y amo, Hipocresía y El reloj, de Los Pasteles Verdes, pero nadie les hizo caso. Al fondo, los más choborras, los que habían arrancado la tranca interminable en la esquina de Gálvez con Pizarro a las cuatro de la tarde, se alzaron nerviosos, tensos y mareados para exigir Amargo amor.

A las mil y quinientas, los serenos y los salseros duros demandaron bailar con su negro El Cartagena, y con el cantante de los cantantes, mientras las tías cuarentonas mandaban papelitos al dijéik para que se busque el 45 RPM de Chico de mi barrio. ¡Ahí viene el sol, Cimarrón, chequea!... Y el alba empezó a despuntar como a las cinco y media en nuestros ojos. Nos sorprendió abrazados alrededor de una mesa, entregados a la nostalgia por los tiempos idos y a nuestra vieja pasión por la conversa infinita. Yo nunca había bailado ni cantado estas canciones; yo tampoco chochera, pero no están mal. Este año me voy, espero que por allá estén mejor las cosas; en febrero me mudo a los YU ES EI, los voy a extrañar. A mediados renuncio a mi vieja chamba y me dedico a otras cosas; ya quisiera estar en tu lugar; más tarde vamos a la playa, qué dicen, yo le saco el carro a mi papá…

Si quieres saber de mi vida, anda pregúntale al mar. Es miércoles primero de enero y hemos venido al malecón. Alguien tenía que lanzar esta botella al mar a pesar de la resaca. Es de mañana, he escrito un par de poemas para mi nuevo libro (en el papelito dejo constancia) y redacto estas líneas que hablan de la música, de la alegría de estos días, pero también de libertad.

dos poemas de ROGER GARCIA CLAVO

La voz que surge del alma




HOMBRES DE MAYO


Por un bote te deslizas distante
como una hormiga tratando de silenciar a los hombres
o a los nombres que en mayo se cobijan.
No es tu mirada ni el cortado de las ramas
que se niegan a dar su flor,
tampoco tus manos que se izan al cielo
para atrapar algún ángel
sino tu corazón que se empuma en las rocas
hasta hacer brillar las orillas y el sol.

Mucho menos los pájaros
que itineran el proceso de esta escritura
sino el silencio de tus ojos que hasta lloran
con la alegría de la lluvia por permanecer latente.

Hombre de Mayo
corazón de aguas que nos quemas la sangre,
los recuerdos entre pozos que nos persiguen
por noches de pesca
hasta adherir la muerte en la vida.

Hombres de Mayo
venas que se alimentan en tantos tunches,
duendes de la lluvia,
hasta desbordarse en nuestro grito
la esperanza del nuevo día,
vuelo de pájaro,
o canto de gavilanes que permanecen al son son del día.
Te deslumbras tú mismo del verde pasto
así como aprietas las aguas que corren
tan hilo por tu sangre hasta no ser herida.
Hombres de Mayo
el palpitante sol de tu espalda
quizá nunca se apague cuando termine el alba.




TANTAS COSAS



Hay horas, en estos lugares, en que la poesía
no es más que unas ganas de gritar
todos los nombres
que aún desconozco.
Diría sólo aquella letra que menos me confunde.
Empezaría diciendo: río, hombre, mayo
hasta diría voluntad en negrita
por las infinitas cosas que se apresuran
a florecer en esta orilla, de esta hora
donde las hojarascas dan el silbido
alrededor de nuestros sueños.

un cuento exquisito

DANIEL GONZALES



Galileo acaba de iniciar sesión


Colocha amistosa: Hola galileo, ¿eres español?
Richard: No María, no puedo esperarte más, tienes que venir; si no lo haces, me mataré.
Colocha amistosa: Ya pues galileo, háblame.

Lobo_cazador acaba de ingresar a Charlas literarias

Miguel Ángel: Lo que pasa es que al ir a cazar él se encontró con Melquíades y este le dijo todo de lo de la familia: sobre el final de su historia. Entonces decidió desaparecer, finiquitarse.
Colocha amistosa: Por fa’, no me dejes hablando sola; o estás ocupado
Lobo_cazador: ¿Hay alguien aquí?
Galileo: Evito hablar con extraños
María: Tengo un compromiso, no puedo ir ahora
Colocha amistosa: Ya pues Galileo, dime de dónde eres
Galileo: Soy del ciberespacio
Richard: Claro, se supone que ahora te encontrarás con Hunter: Para él siempre estás
Colocha amistosa: No puedes ser del ciberespacio; ya pues, no juegues, ¿no quieres hablar? En todo caso, no debieras estar aquí.
Lectorcito: Pero qué conseguía con su muerte
Lobo_cazador: Hola lectorcitos
Miguel Ángel: desbaratar la historia
María: Es un compromiso social, no es lo que tú piensas. Además, Hunter es primo mío
Richard: Y supongo que yo también para otros debo ser familiar tuyo
María: Ya no empieces, sabes que no soporto esas pataletas tuyas. Debo ir a una exposición de pintura.
Galileo: Era de Irlanda, ahora… ya no lo sé; por eso digo que del ciberespacio.
Colocha amistosa: Dime, ¿te gustan las latinoamericanas?
Galileo: ¿De dónde eres tú?
Lobo_cazador: Alguna nena ardiente… Hola Colocha
Colocha amistosa: De Colombia.
Galileo: Prefiero evitar a las de tu género, solo traen problemas. Conocí a una que no he terminado de quitármela de encima.
Colocha amistosa: Pero yo puedo ser diferente. Quieres ir al privado conmigo
Galileo: Me da igual.
Richard: ¿Puedo ir contigo?
María: Iré sola; quiero un poco de espacio hoy. ¡Acaso no puedes entenderlo! Dios mío, quién pudiera hacerlo.
Colocha amistosa: Es que aquí hablan todos y no podemos estar en paz
Lobo_cazador: Yo te acompaño mi amor. Contigo a donde sea
Lectorcito: ¿Y como explicas el olor a pólvora que queda después y sigue impregnado en la tierra luego de muchos años?
Richard: Pero yo te amo.
María: No es suficiente el amor. Hay algo más, algo que… dejémoslo ahí.
Lobo_cazador: Yo sé amar de verdad. Pruébame ricura
Miguel Ángel: Es que al Gabo no le quedó otra que idear algo para justificar su ausencia, pues José Arcadio debía continuar en la historia. Y luego del suicidio, solo pudo llenar el vacío con algo que recordara su presencia.
Lectorcito: Tal vez por eso dejó recluida a Rebeca en su casa hasta su muerte. Porque ya no podía interactuar.
Lobo_cazador: Presénteme a esa Rebeca y yo le hago compañía
Miguel Ángel: Claro; ya vas entendiendo
Richard: Te seguiré. Ya me dijiste a dónde vas. Sabré dónde encontrarte.
María: Si lo haces, no te hablaré más. No contestaré tus escritos
Lobo_cazador: No lo dejes María, no lo dejes llorando
Lectorcito: Ah, entonces por eso el hilo de sangre, porque se supone que Ursula estaba distraída en sus caramelitos de animales y no tenía tiempo para nada, porque el narrador lo dispuso así. Y luego del disparo, forzó a que el hilo de sangre llegara a ella y la guiara así como está narrado en la historia.
Miguel Ángel: No lo pensé yo así, pero vale tu razonamiento; ya vas agarrando la lógica.
Lobo_cazador: O sea yo estoy Pintado. Aburridos.

Lobo_cazador abandonó Charlas literarias

Galileo aceptó la invitación al privado

Colocha amistosa: Dime Galileo, ¿cuál es tu verdadera historia?
Galileo: pues no lo creerías, mejor hablemos de ti.
Colocha amistosa: Ah no; tú eres el que debe hablar. Estoy dispuesta a escucharte cariño (es un decir)
Galileo: pues se resume a diez años. Solo eso, después de diez largos años se me presentó ella y no pude contener la sangre.
Colocha amistosa: O sea te enamoraste de ella
Galileo: Algo peor, debiste estar en mi lugar para saber qué siente uno después de diez años.
Colocha amistosa: No entiendo nada
Galileo: Mejor lo dejamos ahí. ¿Dices que eres colombiana?
Colocha amistosa: Sí
Galileo: Ya hay solución a vuestros conflictos internos
Colocha amistosa: Creo que a nadie le interesa eso más que a nosotros, que lo padecemos.
Galileo: Yo estuve en una de esas maravillosas revoluciones. Bueno, estuve muy cerca, casi llegué. Lo viví como si fuera mi propio conflicto. Quise ayudar. El destino me lo impidió.
Colocha amistosa: Una revolución como la de mi país. ¿Acaso la de Perú?
Galileo: No, pero da lo mismo… Estuve en Canudos. ¿Te dice algo?
Colocha amistosa: Verdaderamente, no.
Galileo: Fue hace mucho tiempo, en Brasil.
Colocha amistosa: No la recuerdo. ¿Entonces, ya eres mayor?
Galileo: No lo sé. ¿Qué año es?
Colocha amistosa: 2007; ¿En qué mundo andas?
Galileo: No lo sé. ¿En qué mundo andas tú?
Colocha amistosa: En este pues; tú eres el que parece de otro mundo
Galileo: Veo que no eres lectora, ese es el problema.
Colocha amistosa: ¿Y tú sí lo eres, mi amor?
Galileo: Vez, te dije que no entenderías.

Colocha amistosa abandonó sesión

Richard: María, ¿sigues ahí?
María: Sí, no puedo irme si no me dices que estarás bien.
Richard: Nunca lo estaré. Pero me quedaré a esperarte. ¿Volverás?
María: Claro, te quiero, siempre estaré contigo, lo sabes.
Richard: pero solo como amiga.
María: Me voy.
Miguel Ángel: Oye Lector, ¿quiénes son estos dos?, parecen conocidos

María abandonó Charlas literarias

Lectorcito: Todo parece conocido aquí. ¿Y qué pasaría con los dos perrazos que tenía José Arcadio?
Miguel Ángel: Es un detalle que el Gabo dejó de narrar
Lectorcito: Sí. Pues a ver si lo discutimos en otro momento. Debo salir
Miguel Ángel: Ok, yo debo hacer lo mismo

Galileo acaba de ingresar a Charlas literarias

Lectorcito: Adiós personaje vargasllosiano, te quedas solo;
­Galileo: No importa, estoy acostumbrado a estar aquí.

Jurema acaba de ingresar a Charlas literarias

Miguel Ángel: Chau a todos. Saludos a los otros que paran siempre aquí.

Miguel Ángel y Lectorcito acaban de cerrar sesión

Jurema: ¿Galileo; estás ahí?
Galileo: ¿Acaso no se puede huir de ti?
Jurema: No mientras sigas en este mundo
Galileo: Pero ya te pedí perdón
Galileo: El perdón no remedia nada
Galileo: Si solo pudieras olvidar
Jurema: No se puede olvidar desde mi posición

Rufino acaba de iniciar sesión

Rufino: ¿Alguien ha visto a Galileo Gall?

dos poemas de Axthedmio Mau Guil

BREVE ANATOMIA DE LA SOMBRA



Dromedarios abriles en tibios apellidos de nada


“La muerte es grande.
Le pertenecemos, con la risa en los labios.
Cuando nos creemos en el corazón de la vida,
Osa, de pronto, llorar en nosotros”
Rilke.


Cierro mis ojos
Cierro las celdas de mi cráneo
Cierro el extraño ruido del silencio
Que ociosas van tomando forma de poema
Pienso y no pienso en un asesinato
Resuelvo en una triste ecuación cuadrática de besos
Estos dromedarios abriles góticos de amor
Pienso en la naturaleza del cuchillo
Y entre su desnudez artística me secuestro
A veces pienso y cierro los no ojos
El mundo parece apretar mis parietales con los muslos
De mis ojos
Pienso en no
Una sílaba enloquecida
Resbalándose bajo la espalda de junio
Que toma forma de híbridos ataúdes
Y en cada una de ellas
Un tibio apellido con olor y sabor a Nada.




Sólo una isla:
un océano de mujer


Un labio que camina en la cabellera de los días
Tiene más nombres que un beso en un año
El silencio es perfecto
Comiendo peces agrio de melancolía
Naufrago en un océano de incertidumbre
Mirando pasar bajeles de lujuria en la infancia de mis dedos
SOLEDAD
Desnuda y loca deambula su monosílabo noviazgo
En la arena de los días
Con un apetecible cuerpo de gemebunda mujer
Sus lágrimas se convierten en islas
Y
Sus islas en gemidos

lunes, 24 de septiembre de 2007

Crónicas de madrugada


Un termómetro infalible para los jotitas

Ricardo Ayllón

Levantarse a eso de las seis de la mañana no precisamente para ver ganar a los jotitas, sino para que –con el cielo despejado de uno de sus triunfos– tener el mejor motivo de iniciar un día distinto, uno en que la antesala laboral no sea el de las noticias absurdas de terremotos lucrados por los amantes de las donaciones, o de los ómnibus despedazados por la trampa negra de sus malos pilotos; un día en que sea posible salir de casa con la cabeza en alto, ser peruano sin mortificarse por los hacedores de la vergüenza ajena. Porque los jotitas son el alba blanquirroja de una mañana bienaventurada, la excepción en el colectivo que nos lleva al trabajo, la noticia de la radio prolongada en vítores deportivos y no en los gemidos arrugados de las canciones del recuerdo, aquella música malsana de esas radios que aseguran vender “felicidad” echándonos a perder el día con el lamento de sus amores de figurín.
He bautizado a estos amaneceres afortunados de agosto como “mañanas jotita”, estos que cuando acaben harán más falta que nunca para que este país cambie de mirada y se purifique en una sonrisa, en un rostro remozado. Pues la felicidad en esta realidad peruana casi siempre dura poco, es casi un albur, un guiño cachaciento, un recorrido de cincuenta céntimos en combi.
El partido de ayer miércoles fue vibrante, laaaargo como la noche de un asmático, pero vivificante en su definición. Hemos pasado sobre Togo, Corea, Costa Rica y Tayikistán, y no acabo de averiguar si esta felicidad solo es un bluf… lástima de mí. Es que estos cuatro triunfos de Mundial no contienen la certidumbre de lo substancial, pues a los jotitas aún les falta medirse con un equipo verdadero. Ninguno de estas cuatro selecciones personifica un poderío en la escena futbolera; por eso aguardo como un masoquista la justa contra Ghana, y saber si realmente estos muchachos tienen dimensión.
Ghana es el verdadero reto. Estos jóvenes africanos que no lo son tanto porque periodistas y viejos dirigentes internacionales han soltado la noticia de que tienen más de 17 años, y la FIFA no ha sabido ocultarla ni siquiera con su investidura. Se jugará en desventaja física y eso sí que vale la pena para una medición, con el añadido de que África ha impuesto su presencia en estas pugnas juveniles desde hace algunos años.
Contraria a nuestra costumbre juerguera, mañana viernes nos “meteremos al sobre” temprano para que el castigo del cambio de horario nos reciba descansados este sábado. El partido es a las cuatro de la mañana, y aguardamos con confianza que la celebración del primer gol atrase al gallo en el estrépito madrugador.
¿Cuánto más pueden los jotitas?, ¿hasta dónde llegan su coraje y eficacia? Son preguntas que suenan odiosas para esta adorable manchita de muchachos que recién entran a ver el fútbol con ojos responsables, pero se alzan como una necesidad si aún queremos concebir este deporte como percutor de la alegría. Ghana será un termómetro infalible, de eso nadie nos salva, ni a los jotitas ni a nosotros, que retornaremos nuevamente a la expectativa convulsa y mañanera de reconocernos ganadores.


Ricardo Ayllón nació en Chimbote, Perú, en 1969. Es profesional en Derecho y Ciencia Política. Publicó los libros de poesía Almacén de invierno (1996), Des/Nudos (1998), A la sombra de todos los espejos (2003), y los conjuntos de relatos Monólogos para Leonardo (2001), Baladas del ornitorrinco (2005) e Imberbes (2005). Es colaborador en el Diario La Industria de Chimbote y en las revistas culturales Kordillera, Arteidea y Revista Peruana de Literatura. Dirige el sello Ornitorrinco Editores.

cuento de Charles Bukowski


EL PERRO Y EL FRASCO"

-Mi lindo perro, mi buen perro, mi querido perrito, acércate y ven a respirar un excelente perfume comprado en la mejor perfumería de la ciudad."Y el perro, agitando la cola, lo que es, creo, entre esos pobres seres, el signo correspondiente a la risa y la sonrisa, se aproxima y posa curiosamente su nariz húmeda sobre el frasco destapado; después, reculando de improviso con espanto, ladra contra mí a manera de reproche."-¡Ah! miserable perro, si te hubiese ofrecido un paquete de excrementos, lo hubieras olfateado con delicia y quizás devorado. Así, tú mismo, indigno compañero de mi triste vida, te pareces al público, a quien nunca hay que ofrecer delicados perfumes que lo exasperan, sino inmundicias cuidadosamente elegidas."


Charles Bukowski nació en Andernach, en Alemania, en 1920. Empezó a escribir cuentos muy joven pero, tras un primer relato publicado por una revista en 1944, abandonó la literatura por un espacio de diez años, en los que sentó los cimientos de su leyenda alcohólica. Empezó a publicar poesías y relatos cortos en revistas underground, hasta que a los 49 años, después de haber trabajado los últimos 20 en el servicio de correos (como repartidor), dejó el trabajo y se dedicó sólo a escribir, su fruto fue Cartero (1970), su primera novela. A ésta seguirían otras cinco, todas protagonizadas por Henry «Hank» Chinaski, alter ego del propio Bukowski. El éxito lo convirtió en escritor de culto y poco a poco su popularidad se extendió más allá del nuevo continente. Las lecturas de poesía y esporádicos viajes (uno de ellos a Europa, visitando su pueblo natal y reencontrándose con familiares lejanos) convirtieron sus últimos años de vida en una constante lucha contra la comodidad y el aburguesamiento, y fruto de ello publicó Peleando a la Contra, un auténtico testamento oficial y la auténtica biografía de Charles Bukowski.

cuento de Claudia Ulloa Donoso


MANTEL BLANCO


Se van colocando los platos, las copas, los vasos; el tenedor a la izquierda, el cuchillo a la derecha y con el filo hacia dentro. Todos hacen un ruido ahogado y agradable sobre el mantel, que huele a limpio en la mesa recién puesta.

A lo lejos, se oye a un cuchillo picar alguna hierba que sangra clorofila.

Mi madre se sienta a descansar un momento. Cruza las piernas, se rasca con sus manos verdes de perejil, la tibia, que ella suele llamarla espina, como si su esqueleto fuese de un pescado. Veo al trasluz, que miles de escamas pequeñísimas de su piel vuelan por el aire.

— Y cuando ésta nació, ni lloró; pero sí, qué angustia ese silencio...

Hablan del cordón umbilical, de la grasa en la piel de los bebés recién nacidos, de la leche materna hirviendo, saliendo de sus pechos y mojando todos sus sastres. Sus palabras se van mezclando con los sonidos de las ollas y los cubiertos, mientras yo voy imaginando que un bebé crece dentro de una olla tibia, se cocina en líquido amniótico y luego sale colorado, oliendo a pescado, a leche, a grasa; como la comida de la cocina.

— Pero lo peligroso es cuando se te rompe la fuente...

La escucho mientras deslizo mi mano sobre el mantel. La textura de la tela me produce escalofríos. En los surcos de las palmas de mis manos se enredan las pelusas del lino: como el tacto de la piel de un bebé de trapo.

— ¡Carajo! ¿Y ahora dónde pongo los rollitos de pescado? —grita mi hermana en la cocina.

Yo me río por la fuente rota, como si alguien fuese a nacer ahora mismo en la cocina. Sé qué fuente es, lo sé por el ruido de ésta: una fuente azul de un material ligero que es una mezcla entre cerámica y vidrio.

Partículas azules que cortan se esparcen por la cocina y caen sobre el pescado: carne blanca con puntitos azules de detergente que nos va a limpiar las entrañas llenas de mierda.

Mi madre deja de hablar del calostro y corre a la cocina. Sus zapatos de taco hacen el ruido de un galope.

— Usa la transparente, entonces —dice casi gritando.

Un portazo.

Regresa con las manos limpias y mojadas.

— Felizmente que este año todavía se pueden hacer estas cosas, porque como está la situación, quién sabe si más adelante se podrá romper las fuentes y comer corvina.

Mi tía, la más joven, se pinta las uñas de los pies en el sillón de la sala. Pregunta que si el color rojo de su esmalte es del mismo tono que el de su vestido. Se queja de que el esmalte le arde siempre en la uña más pequeña.

— Tendrás un hongo...

Ahora se enoja por el comentario. Dice que ella es la más blanca de todas las hermanas y que su piel es más delicada, que por eso le arde.

— ¿Te acuerdas cuando a mí nada más me dio insolación en Punta Negra?

Se sigue pintando las uñas y hace un ruido como si sorbiera sopa, mientras el esmalte rojo hierve en su dedo meñique del pie.

Llega mi otra tía. Entra a la sala casi corriendo, con sus piernas apuradas y firmes que mueven su faldón como una bandera multicolor de seda. Carga una talega de flores blancas y amarillas.

— Qué horrorosas las amarillas. Así desentonas todo...

— Bueno, las flores eran mi parte ¿no? Amarillo de la felicidad, como la fecha, y a quien no le guste, ajo y agua.

Mi tía huele a crisantemos, a perfume AnaísAnaís, a la ruda que ha traído del mercado y le dice a mi prima, en voz baja:

— Anda, ponle esta ramita a mi santito.

Mi prima coge la rama como si fuera un plumero y sube las escaleras en pasos largos dejando un escalón, cantando dame más gasolina, regando las hojas de ruda e impregnando la casa con ese olor meloso y de hechizo. De pronto, la avalancha de sus pasos agitados bajan como palos rodando por las escaleras de madera.

— ¡El santo me movió los ojos, mamá!

Mi tía, emocionada, dice que al fin se le va a hacer el milagro, ese milagro del que siempre habla pero nadie sabe qué es.

Mi hermana entra al comedor y camina alrededor de la mesa.

— Falta que llegue Tony con el vino blanco- le dice mi madre.

— Ojalá que no se le vaya ocurrir comprar vino en caja, porque él es así...

Mientras espero que llegue el resto de la familia, me pregunto de dónde se habrán alquilado estas mesas. Son bastante simples, de madera prensada, sostenidas de unos caballetes horribles de fierro de construcción pintado con esmalte negro.

Pero el mantel blanco lo tapa todo.

Mi hermana vuelve con la fuente de vidrio llena de pescado recién salido del horno, que calienta el mantel y hace que salga de éste el olor a detergente de puntitos azules, como los que hay casi invisibles sobre la corvina que nos vamos a comer hoy.

Empieza a llegar más gente. Se oyen más conversaciones sobre ex maridos e hijos que sí lloraron al nacer, ruidos de sillas que se arrastran, murmullos sobre mi novio, que está gordo y que compra vino en caja.

Miro el mantel blanco de la familia sobre las mesas horribles de madera prensada: veo chicles pegados en los filos, mocos y cosas resecas. Leo palabras “10p fam. Gutierrez para entregar” “Sra. Selmira Segura vd. Salas”, “Diaz novia local PIP” y también veo mi apellido: Torres.

Escribo con mi llave sobre la madera sucia, al lado de mi apellido: “ELISA TORRES 25 AÑOS 21/12/2006 A MI FAMILIA SE LE VA A HACER UN MILAGRO HOY EN MI CUMPLEAÑOS”.

Me quedo ahí, esperando el momento de poder levantar el mantel y salir de debajo de la mesa, en pijamas. Decirles que no fui a trabajar, contarles lo de mi trabajo y darles la sorpresa.

Yo a ellos.




Claudia Ulloa Donoso Perú, 1979 En 1996 obtuvo el primer lugar en su categoría en el concurso Terminemos el cuento organizado por el diario El Comercio y en 1998 el primer premio en el concurso El cuento de las 1000 palabras de la revista Caretas de Lima. Su obra ha circulado en diversas revistas como The Barcelona Review y Los Noveles; en el año 2006 editorial Estruendomudo publicó su primer libro: El pez que aprendió a caminar. Participa, además, en la antología Tripulantes (España). Blog: septimamadrugada.blogspot.com

microrrelato Juan José Arriola


"Teoría de Dulcinea"

En un lugar solitario cuyo nombre no viene al caso hubo un hombre que se pasó la vida eludiendo a la mujer concreta.
Prefirió el goce manual de la lectura, y se congratulaba eficazmente cada vez que un caballero andante embestía a fondo uno de esos vagos fantasmas femeninos, hechos de virtudes y faldas superpuestas, que aguardan al héroe después de cuatrocientas páginas de hazañas, embustes y despropósitos.
En el umbral de la vejez, una mujer de carne y hueso puso sitio al anacoreta en su cueva. Con cualquier pretexto entraba al aposento y lo invadía con un fuerte aroma de sudor y de lana, de joven mujer campesina recalentada por el sol.
El caballero perdió la cabeza, pero lejos de atrapar a la que tenía enfrente, se echó en pos a través de páginas y páginas, de un pomposo engendro de fantasía. Caminó muchas leguas, alanceó corderos y molinos, desbarbó unas cuantas encinas y dio tres o cuatro zapatetas en el aire. Al volver de la búsqueda infructuosa, la muerte le aguardaba en la puerta de su casa. Sólo tuvo tiempo para dictar un testamento cavernoso, desde el fondo de su alma reseca.
Pero un rostro polvoriento de pastora se lavó con lágrimas verdaderas, y tuvo un destello inútil ante la tumba del caballero demente.


Cuento de horror

La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de sus apariciones.

Ágrafa musulmana en papiro de oxyrrinco

Estabas a ras de tierra y no te vi. Tuve que cavar hasta el fondo de mí para encontrarte.


Prometeo a su buitre predilecta

Más arriba, a la izquierda, tengo algo muy dulce para ti. (Ella se obstinó en el hígado y no supo el corazón de Prometeo.)


Felinos

Si no domesticamos a todos los felinos fue exclusivamente por razones de tamaño, utilidad y costo de mantenimiento. Nos hemos conformado con el gato, que come poco.


El mundo

Dios todavía no ha creado el mundo; sólo está imaginándolo, como entre sueños. Por eso el mundo es perfecto, pero confuso.


De John Donne

El espíritu es solvente de la carne. Pero yo soy de tu carne indisoluble.

De escaquística

La presión ejercida sobre una casilla se propaga en toda la superficie del tablero.

Sin título

—¿De veras eso es fornicar? Yo creí que era otra cosa. Que era algo así como quién sabe. Eso que usted dice quisiera hacerlo todos los días, pero no más lo haba una vez a la semana, cuando mucho. Ya ve usted, la ignorancia…



Juan José Arreola (1918-2001), figura clave de las letras mexicanas, es uno de los escritores más reconocidos en el ámbito internacional; no sólo por su peculiar sentido del humor y su habilidad para borrar las fronteras entre la realidad y la fantasía, sino también por la precisión de sus metáforas.
Heredero de la estética vanguardista, supo darle un vigor sorprendente al género del micro-relato en textos en los que retrató conversaciones literarias, juegos de escrituras y magias irrepetibles. Como ilusionista nos instaló en lo fantástico con la elegancia de un viejo rey ajedrecista.

Poemas de Alan Mills


Fatalidad

Estar del lado del esfuerzo.
(Un hombre se apropia de sí
para tender puentes a lo esencial).
Hacer palabras moliendo cristales:
esconder cristal molido en el pan de las gentes.
(Un hombre dilata su ser/
sangra y no está solo).
Ser aliado de lo difícil.
Querer repartir la tierra con un soplo.
(La sombra del hombre queda líquida en los muros).
Reconocerse en las briznas más afiladas.
Anudarse al construir y al sueño.

A Christian Panebianco y Silvia Favaretto

Más que la muerte


Más que la muerte
el miedo.
(Mujeres vestidas de negro/
vacunadas de amnesia.
Son tristes. No olvidan).
Un muerto/
más que un muerto
el miedo
de ser sangre corriendo/
de ser una sombra vaciada de vida.
Más que la muerte
estar solo/
terriblemente solo
como un poderoso
que no sabe amar sin golpearnos.
Y la palabra
(como si tal cosa pudiese)
se sitúa más allá
intenta perderse de la muerte
aun cuando sabe que sólo es el fermento
de algún aliento antiguo que se resiste a callar.
(Dios lo tenga en su gloria/
musitaban las mujeres).
Hay un muerto/
nadie descansa.
Síncopes

Aquí se sufre pero se goza

6:04 pm:

Conozco otro pueblo, uno donde los niños ríen al caer la noche, están bien muertos pero risa y risa, travesiean con los chuchos que nunca tuvieron, se han echado encima una sábana de tierra que saben quitarse para soltar sus barriletes etéreos, allá las mutiladas de juárez y guatemala ofician como sus nanas, ellas tampoco reconocían ese inframundo donde los críos reirán durante los amaneceres que faltan, sí, ya han hecho amistad con pequeños ultrajados de bazora y se enmascaran en juegos inauditos, sabino cuenta que le bayonetearon los fetos a sus primas, sabino se escondía bajo cadáveres, y después caminaba hacia chiapas escapando de los kaibiles que querían inflarlo a puro Amor, tal maraña trae gemas que rigen nuestro desvelo, conozco este pueblo, ahí han organizado la Gran Fiesta a la que todos deseamos ir, enclave de sombras al que una helada fiebre le borró la cara, hoy es sólo enorme herida, vapores, y ya sabemos las diversas maneras de escuchar al Corazón del Cielo o de no hacerlo, sí, fue la huesuda quien se llevó esos versos que adornaban la plaza, sí, sólo el ruido interpretaría con soltura la cantidad de silencio que expele una aldea fantasma, por eso la risa confiada de los niños al anochecer, por eso juegan entre el limo y no miran su sangre, esto va a persistir, nuestro destino es manifiesto, lo dice con llanto el Corazón del Cielo.


Ahí te siento
Oh, pero yo no lo sé, treparse a una montaña es como acariciarle los rincones a mi personal jesus, y todo este verde tiene que ver con el agua y tus brisas benditas, ahora recuerdo cuando bajé al río y las mujeres pensaban que yo era otra hembra, pues mis cabellos estirábanse como una carretera muy blanda, después sonrieron enrojecidas al sospecharme el macho, diosita: ellas saben que propagaré las tribus más allá de la frontera que esta esperma ha construido, diosita: pensé mucho acerca del vacío de dios en aquel silencio de la noche, hoy sé que tienes cierta manera de llamarle al deseo, mi personal jesus: gracias a tu ausencia intuí que de aquellas montañas va resbalando el hormigón que amasija los bares y nuestros castillos rave, nuestro éxtasis lo trae el polvo de los muertos que olvidamos y se vende en los Megatemplos, ese tipo de cosas he ido pensando mientras canto en silencio para ti diosita mía, ¿me dibujás algo?, bah, ya no te amo: a) el amor muere por diversas causas y simples b) la fe es algo que reviene a falta d’orgasmos c) mi nombre se logra combinando valores lejanos.

Alan Mills (Guatemala, 1979)

Es poeta, ensayista y traductor. Ha publicado un solo libro titulado Testamentofuturo que fue publicado por entregas y como obra de iniciación en Guatemala y México, entre 2002 y 2005. Ha participado en múltiples festivales en América Latina y en el V Festival Internacional "La poesía tiene la palabra” organizado en 2005 por la Casa de América en Madrid. En enero de 2007 leyó textos de su libro Síncopes (Zignos, Perú, 2007, Limón Partido, México, 2007) en la Casa de América y en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, España. Mandrágora Cartonera también publicará Síncopes próximamente en Bolivia.

viernes, 10 de agosto de 2007

entre la chicha y la ciudad...tres poemas de John López


Ven a ver el sol
deja ya nuestro mundo
Grupo Celeste

Esta es una actitud inconsciente,
la carga cercana de una noche
que siente demasiado río
sobre una cabellera estupefacta.

Un movimiento orgánico
sobre un sueño celeste en el cielo
y sobre el cielo un plato de estrellas.

Me pregunto sobre tu piedra solitaria y acuífera
si eres provinciano
o si te levantas con el ayuno de la lengua
sobre una sopa cambiaria en múltiples posesiones,
eso no cambia nada,
ni la bestia, ni los insectos,
ni el calambre de los ruidos
a lo exquisito de una flor cortada
que se extingue por un comienzo.

Eso me enseño a tener corazón negro y celeste
dependiendo del trabajo que caiga en los ojos
o de los viajes y su distancia.
Por ejemplo yo, el chichero José,
varón de vientos suaves
que insiste por las primaveras dentro de los parques
de los muebles vehiculares
sobre la esperanza atrasada del sonido
o de los seres alojados sobre una cabeza musicalizada
por un ritmo popular.

Este es mi ritmo,
la risa vertical de las bestias,
lo tardío de los dolores de muela
en medio de una voz demasiadamente clara.

Yo soy claro como una canción humana
que respira tranquilamente,
aún no abro los ojos,
vuelvo al mundo para recuperar mi nombre, mi biografía
y el viaje que hago, llego aquí,
distingo vagamente las rayas que dibujas en la ventana,
con tu sombra más oscura que señala el sitio de los muebles.

Te levantas, salgo de la pieza y tomo agua.

EXPLICACIÓN PARA TEO

mi abuelo es la explicación
de volver a la voz del orden
porque despierta en los rincones
de un zapato disfuncional,
porque la humedad de su cuerpo
era la huella suave
de la sonrisa que respira
sobre el placer natural,

mi abuelo es el unicornio azul
que dio sentido
a las flores de mi madre,
sentimiento en virtud
que respira lo anterior
a los tiempos enfermos.

Teo es arte en su edad
porque agoniza en mi voz
cada vez que lo enumero,
porque bailando un fox-trot
es un sismógrafo que se esconde,

porque el miedo proclamado
en su antiguo dolor
era un herida creciente
que mordió la eternidad
cuando nadie lo anunció,

porque era silencioso
la armonía de cuerpo blanco
sobre la flor de los abismos
que eran ilusos a partir del sol.

¿abuelo, te molesta la flor?


Voy a guardar mi lamento para cuando yo este solo
“Chacalón”


un cráneo es un antecedente a la muerte, es una
vida que pesa sobre un estante en el aire.

A pesar de los momentos
de las idas y venidas de
los perros sobre un silencio estructural,
sólo quiero flotar conformado
por una mujer sola,
por alguna canción arruinada en los cerros
por alguna tarea detrás de las cortinas.

Espío la ventana iluminada,
el edificio frente a alguna sombra,
me muevo, desde aquí miro lo azulado de su interior,
ella abre el vidrio y regresa a su ir y venir,
ahora mira la televisión y me mira (supongo).
Yo me quemo los ojos como un cuadro de sombra. No aplaudo.

Me aparto del vacío y enciende su cráneo dos veces
(pequeño ruido llamado tormento)
baja las escaleras y
sonrío los dolores sobre nada diferente a los mares,
comienzo el fin en mis hombros
distingo los colores dependiendo de la costumbre
de la insuficiencia a olores extraños en un tiempo relativo a este,
parece seguirme el viaje y su distancia, exactamente
la eternidad de los seres alojados en mi cuerpo.
se aparece, me da un beso y sonríe.
John López Morales.

entre un mundo microficcionario


El Fin.

¿Esta noche? Usted esta caminando por las veredas incontables de mis sueños. Bien, ahora el amor que usted arranco, es igual al amor que usted hizo. –El fin-.



El mundo de Carpentier.

Recorriendo la extensa calle de Toulouse encontré el recurso del método. A un costado vi a Carpentier reclinado sobre la vereda, escribiendo aquel siglo lleno de luces. Tratando de volver al reino de aquél mundo, donde los pasos perdidos se hallaron desprotegidos en la guerra del tiempo...



Fin del tiempo.

Un hombre se ve al espejo, piensa que el tiempo se le esta acabando. Su piel reseca va resbalando por los interiores de su cuerpo, mientras que un olor a putrefacción se siente en su habitación. Mira a los costados, todos los ángulos están iguales, nada a cambiado, -solo su rostro-... se sienta en un rincón del cuarto… y solo espera que el reloj que marca el final de su vida se detenga...



Nada.

Un hombre circula por una franja oscura. Todo a su alrededor se encuentra en la nada, aunque el pensó ¡la nada es algo! esta nada le hizo sentir que talvez marcaría la existencia de su propia vida.
Aun así, este sujeto siguió caminando, tropezándose a la vez con su propia sombra; sus manos palpaban los costados del estrecho pasaje, aspirando encontrar algún soporte; -no encontró lo que supuestamente buscaba-, solo se hallaba perdido en un sueño.
La desesperación de aquél hombre se dilataba, arañando la oscuridad, tratando de chocar con aquel punto blanco que lo llevase al final de esta interminable nada.
-Después de mucho esfuerzo, solo encontró el desenlace de un sueño profundo-.

Juan López Morales.

dos cuentos breves para no aburrir


La suerte no es precisamente para mí

Sigo siendo medianamente joven respecto a mi edad cronológica. Son veinte años los que tengo y, siempre he dicho que la suerte es un objeto que no estaba hecho para mí. Siempre solía sentirme solo en mí propio mundo. A veces me sentaba en los bares y me ponía a pensar en algo que me pudiera reanimar, quiero decir algo que realmente me haga sentir bien, pero nunca encontré nada. Una noche del mes de octubre salí de mi departamento que me cuesta algunos cuantos soles al mes. Salí sin dirección alguna; transite por bares, veredas infestadas de mujeres, calles completamente alcoholizadas.
Busque mujeres con quienes pasar la noche. Ellas nunca voltean a mirarme, y si voltean, lo hacen con miradas de aburrimiento. Calladas frente al espejo del bar, fuman unos cigarrillos tan largos como mi desesperación. En un principio no sabia cual escoger, si la mujer blanca con grandes piernas que le estallaban desde sus vestidos, o la mujer morena que usaba brillantes tacones que me hacia ver como un pitufo entre sus piernas. Sentadas ahí, tentaban todas mis ganas de escoger a las dos, pero solo tenía dinero tan solo para una. Tal vez a la otra me la agarraría otro día de febril aburrimiento. Escojo a la mujer blanca con grandes piernas y, dejo a la morena para otro día. Nos sentamos en medio de todas las mesas. No pronuncie ni una palabra. Solo miraba sus tremendas piernas. Sentados ahí, ella me dijo: “me aburres”, entonces entro otro galán y se marcho con él. Siempre supe que me podía pasar una de esas cosas. Ya tenia el presentimiento que pronto llegaría un cruel desprecio. Algún día tenía que derribar a uno de esos jodidos, pero era difícil tener demasiada valentía para enfrentar a estos tipos.
Escuchando las risas pavorosas y perturbantes de las mujeres, veo mi reloj y son las seis de la mañana. Al fondo del bar se escucha una canción que sale de la vieja rocola de los años sesenta. Era la voz de uno de esos tipos de la nueva ola.
A veces me preguntaba cuántas cosas maravillosas me estaba perdiendo. Realmente me he perdido de muchas cosas. Trato de ser conciente de mi fealdad, pero me es difícil dejar de ser un idiota más en medio de la calle llamada perdición.

Juan López Morales



Vesania

Otra vez me sentí como el idiota de la clase cuando me sacaban desnudo al patio de la escuela cada vez que crucificaba la imagen del profesor de literatura en medio de burlas desenfrenadas. Era inevitable el tener que mantener mi boca cerrada. Siempre tenía algo en que contradecir al profesor y, eso era una ofensa contra su dignidad como maestro.
Después de cualquier castigo que se me era impuesto por el profesor y sobre todo por la madre directora del colegio de monjas donde estudie tres años de mi vida, me volvía a sentir como el idiota de la clase. Por supuesto muchas veces trate de quedarme un momento en silencio. Ignorado salía por medio de las filas inalcanzables de alumnos. Arrastrando la vergüenza que se me escurría entre los pantalones color rata. El profesor de literatura y la madre enfilaban sus carros en el estacionamiento trasero del colegio. La madre fumaba. El profesor tosía y reía a la vez. Trate de alejarme de ellos, pero fue inútil. Ambos me decían: -tú te lo búscate, ahora jodete-. Intente seguir a paso largo al automóvil, pero se largaron y, no me dieron tiempo de gritar.
Para olvidar, y dejar de sentirme como el único invecil que era parado desnudo frente de todos los alumnos, intente beber del trago amargo de mi propia derrota frente al profesor de literatura y la madre directora. Sentí que había sufrido un jaque mate perpetuo. Una pieza del ajedrez que había sido derribado tantas, pero tantas veces que ya no me daba ganas de hablar y de reír de la cabeza crucificada del profesor.
Después de mi último día en el patio, han pasado ya más de diez años y, aun recuerdo la mirada de la madre con su cigarrillo y, la cara del profesor que me decían: -tu te lo búscate, ahora jodete-
Decido detener mi auto frente al colegio. Saco la botella de vino a medio llenar y lo lanzo con tanta fuerza que rompí uno de los vidrios del colegio. Me quede estático un momento. Vi que la madre salía con tanta prisa que casi se clavo sobre el pavimento húmedo por la lluvia. Intente reír pero solo dije: - usted se lo buscó, ahora jodase-. La madre solo dijo: -López, es usted-. Arranqué cuidasoamente mí auto y salí rumbo a mi cuarto de alquiler. Volteo por última vez y, me recuerdo en medio del patio de la escuela.

Juan López Morales.

Decierto de poemas...dos poemas de César Panduro


Océano

Una ballena salta del mar a mi cama
acuesta el agua y los peces
de su cuerpo
en el papel de mi almohada.

Las
Olas de sus dientes muerden mi cuerpo
sus ojos en marea duermen lentamente
hasta ser la niña que vino del mar
a dormir en mí.

Su enorme cuerpo ha dejado
un espacio para mí.
La abrazo y mojo mis manos en el mar
respira y la brisa rompe las ventanas
y se esconde en todas las paredes
de mi casa.
Mi casa es un Océano.
Mi boca quiere besar
su boca,
pero ella teme que sus olas rompan mi muelle.

Quiero dormir en su cuerpo
acostarme junto a los peces y el agua
que corren por sus cauces
abrirle los ojos y mirarle el sol.
pero ella es del mar y respirar su agua
me llenaría de sal el corazón.

Ella sigue acostada en mi cama
ha pintado de azul las paredes blancas
y ha hecho de mi cama una isla
en el océano que hizo al respirar en mi casa.
Reflejos

No me miro a los espejos
los espejos me miran a mí.
Prefiero mirarme en el agua
ahí no tengo arrugas, y
mi rostro tiembla como una estrella.
En el agua mi piel no tiene huellas
y comprendo tanto de la vida,
y se que es frágil
que se puede romper al contacto
con la piedra más pequeña.
en los espejos no se puede mirar al sol
Y la cintura de la luna no entra en sus marcos
mi cuello no alcanza su dureza
mi cabello es una sabana que me cubre
en el agua soy un paisaje
una onda que estalla como una mariposa
un tronco de tela
en los espejos soy un recuerdo
al apagarse la luz.
César Panduro (del poemario "Algo de cierto". Ica seleccion poetica.Lustra editores)

Maro...tres poemas de Dalía Espíno




Todo Lima – New Cork

Míro tu cordel como océano que viene y va.
Y tú te vas, dejando el polvo que a veces nos
da fiebre
el verde que no da miedo
los amigos desequilibrados
la mirada colgada de la madre,
nos vamos todos contigo.
Lima no es Lima sín ti.



Los aviones

Lloro tu nombre en la ciudad sin luz
no me alcanza tu impresión de la Av. Free Way para encenderla


En el camino solo hay mar, sal
ojeras rosas de una tarde perdida
los aviones que abrazan los deseos
los aviones que te llevan
tus ojos de avión
tu corazón en un avión

En diciembre el camino es una nube
la herida solar que se posa en la azotea
los aviones que abrazan los deseos
los aviones que te llevan
tus ojos de avión

tus ojos
alguna vez fueron mí piel
el cuaderno naranja que cuelga de mi sombra.



Medea

“Pero en mis decisiones
impera la pasión,
que es la mayor culpable
de los males humanos”
Eurípides, Medea


El gato espera sigiloso ronronear
ya el verbo no sueña más a encontrarse
basta solo el papelito azul
que te imagina inconclusa besando
los labios de los ebrios
que el río deja y ahoga
Estas tres últimas cuadras sin mirar atrás
sin siquiera distraerse con el viejo loco del
parque
con la humedad acumulada en los bancos
con las paredes prohibidas de tristeza
sólo tú mi muchacha alucinada
sola tú, Medea



Dalía Espíno Vegas. (del poemario "Maro".Avqui Ediciones. Lima. 2007)

dos poemas, dos...


I

Yo soy la quinta estación
la que conjuga el calor el frío
y tus besos amargos en un madero.
Soy la de mirada anónima
la que camina en la metrópoli
olvidando los árboles y los campos
de los cuales vino girando con el viento
como amapola de danza rota
y color ausente.
Soy la subdiosa exhausta de todos los días
la que por las noches derrama su corazón en una copa
para beberla y continuar siendo sangre
o para mojar los dedos
y pintar de nostalgia los muros de mi guarida.
No habrá primavera para ser feliz
tampoco un verano para arder en la cúpula del cosmos
no habrán otoños para envejecer
ni inviernos para arrancar el calor de mi cuerpo.
Sólo existiré yo
la estación que no existe
en los doce meses del año.
Seré la de clima desconocido
y ubicación fantasma en tus mapas.
Seré para siempre
el tiempo estancado
en mi tiempo interior.

II

Obsesionado contemplo
tu rostro enmarcado por la lluvia.
Le sonrío al viaje prometido
al abandono de mi lugar inhóspito
y a tus cuencas vacías al final
de mi caminata insomne.
Busco la pradera en la oscuridad de tus matas
la he buscado siempre
abriéndome espacios y sobreviviendo
a la desdicha de mi vida anclada
en pueblos fantasmas.
Camino en un camino escarpado
resistiendo el filo de las piedras en mis pies descalzos
y la inclemencia del vendaval en mi piel herida.
Vivo sin vida entre la ciudad y la lluvia
contemplo de nuevo tu secreto
en los nubarrones últimos de la tormenta
pienso en la tristeza de la primera estación
y la insoportable nostalgia que se avecina.
Es entonces que
comprendo la opacidad de mi follaje
me obsesiono con tu máscara hueca
la amo más de la cuenta
/ viendo en ella mi destino /
y le hago un rincón
a la posibilidad suicida de mis invernaderos
a mi estática tempestuosa y múltiple
y a los salones desiertos que se inundarán
con mi marea escarlata.


Christian Ahumada Heredia (Chimbote)

un cuento interiorizado


TEOREMA DE LA VISTA

Es todo un espectáculo verte sentada allí, con tu formal uniforme de trabajo, y tu seriedad habitual, tal vez distinta a tu verdadera forma de ser. Sentí el flechazo desde el primer momento. Sólo bastó la peculiar belleza de tu rostro para dejarme con los ojos desmesuradamente abiertos. No lo notas, por supuesto: tu mente está inmersa en otro mundo y no te percatas de los miles de ojos que se pasean a diario por tu cuerpo. Aunque me resisto a creer que no te das cuenta del estremecimiento que produces en los demás. No es para menos: eres una chica bastante singular: aquí en Chimbote muy pocas tienen ojos verdes, y nuestra piel es bronceada, un tanto oscura, muy distinta a la claridad de tus playas. Al menos a mí me has sorprendido. Tengo que esperar mi turno para poder intercambiar palabras contigo, igual que el resto de tus clientes. Suele haber momentos que se sientan mujeres frente a ti, o parejas, y de seguro no sabes si acuden en plan de trámite o en otro tipo de planes. Si fuera tú desconfiaría hasta del señor que ahora está frente a ti, diciéndote sabe Dios qué cosas. Ya debiste darte cuenta de los estragos que produces a tu alrededor; aunque, quién sabe, entre tanto ajetreo tu sentido de la percepción puede que se haya alterado. ¿Quién lo sabe? Sólo tú. En estos momentos, lo único que se me viene a la cabeza es tu imagen frente a la mía en medio de este escenario vacío, sin ejes ni cerraduras, sin hombres ofuscados de terno azul y chicas displicentes que merodean por los alrededores, subiendo y bajando las escaleras como si algo se les hubiese perdido. Ya lo imagino (me excita de sólo pensarlo): mis labios buscando con lujuria a los tuyos, mis manos en un loco afán de deseo, inspeccionando tus piernas tibias, tratando de sacar de tu boca una confesión un poco más real, aquélla que se oculta detrás de tus ojos. Casi tengo la certeza de que, en el fondo, los hombres últimamente te han decepcionado de manera olímpica. Y no te culpo: también hay ciertas personas que han dejado en mi vida algún sabor amargo. Me gustaría hacer todo lo que se me viene a la mente de una vez, frente a todos y frente a todo; pero no sé cuál sería tu reacción. De repente no te atreves a despertar aún tus verdaderos instintos. Yo ya lo hice, y no es tan malo, créeme. Lo único que fastidia de verdad son las miradas inquisidoras que se estampan sobre ti. Sin embargo, si existe una unión, creo que podríamos superarlo. Lo imagino, repaso esta escena miles de veces, y para mi desgracia, no consigo aún hacerla realidad. Si el mundo pensara como pienso, sería diferente. Pensar y verte en estos instantes es mi único consuelo.
El señor de cabello engominado y barba rala de hace unos momentos se ha levantado de su asiento. Ahora es mi turno. Me levanto de la butaca –sudor frío mirada que tiembla-, doy unos breves pasos –tus ojos me miran: es la oportunidad: debo decírtelo-, me siento delante de ti, en ese escritorio de caoba que se interpone como una gran barrera y, con el corazón en las manos, sólo se me ocurre contemplarte unos segundos y preguntarte, en voz baja, qué es lo que necesita una chica como yo para adquirir un préstamo del banco.

Christian Stephen Ahumada Heredia