domingo, 19 de octubre de 2008

Haikus o poesía japonesa


Haikus

Paul Quispe

I

Larvas se abren
los plátanos las miran
con gran envidia.

II

Paloma muerta
¿dónde debo entregar
estas dos cartas?


Paul Quispe. (Huamachuco, La Libertad 1986). Primer Premio de Poesía Ciro Alegría 2007, Segundo Premio Nacional de Cuento Germán Patrón Candela 2005, Tercer Premio de Cuento CONALL 2007. Dirijo Piel de Camaleón Editores y la Revista Literaria Granizolunar.

viernes, 17 de octubre de 2008

Narrativa andina


Algo menos que un perro

Sócrates Zuzunaga Huaita

El primer recuerdo que tengo de él son sus ojos acuosos atiborrados de paisajes e inclemencias, su boca desdentada y babienta que dejaba escapar gemidos de perrito desvalido, su sombrero gastado y sucio por cuyos agujeros asomaban los pelos de su coronilla como rebelde ichu de puna... Aún me parece estar viéndolo avanzar como un perro apaleado, arrastrando esas sus piernas torcidas e inservibles, ofreciendo a todos esa su expresión de infinito desamparo, aplastándose contra los rincones de la calle...

Desde la plaza del pueblo hasta el principio de la calle principal empezaba a salir la gente para verlo. Entre ellos el taita cura, chismoso y novelero como nadie, bajaba las escalinatas de la iglesia, ostentando su impecable sotana blanca, abombando el vientre, acomodándose los anteojos. “Es un pecador –decía-. Por eso, Dios lo castigo”. Y afloraban las murmuraciones del resto: “¡Dirás nomás, pendejo! ¿Acaso no se cruzó en tu camino?”.

Es que ya no era secreta la cosa.

Corría el cuento de que el Satuko y el taita cura se encontraron, ambos, cara a cara, en la choza de la Constantina Quispe: el uno ingresando y el otro saliendo. ¡Y a la media noche, fíjese usted!.

Es que dizque el cholo antes fue un hombre de juicio cabal, un cholo del carajo, con todas sus pertenencias corporales y mentales puestas en su debido lugar. Y, encima, con una pinta que para qué le cuento. Habían cholas que no podían resistir el embrujo de sus bigotes y su porte y su castellano bien hablado. ¿Qué hembras no pasaron por su debajo? Si hasta la mujer del gobernador mereció ese honor.

Pero, como se sabe, que nadie está libre de las ocurrencias contrarias que suceden en la vida, el Satuko tuvo la desgracia de quedar debajo de una avalancha de piedras, la vez que se construía la carretera del pueblo: quedó con las piernas trituradas y el entendimiento dislocado. Así se convirtió en un despojo humano que se desplazaba por las calles del pueblo empujando su bola de ropas viejas y demás trastos inútiles. Mismo escarabajo él, qué caray. Por lo que lo llamamos: el Akatanqa Satuko.

Algo menos que un perro, el pobre. Poquita cosa, él. Montoncito de harapos y mugre. Ojos legañosos. Sonrisa boba..

-¡Mírelo, allí está!
-¡A qué culpa estará cargando esa cruz!

Los muchachos de la escuela lo acosábamos a gritos; todos, chillando a un mismo tiempo, danzando a su alrededor, tirando de sus andrajos, arrancándole el sombrero para hacerlo desaparecer.... Venía para nosotros la obligación de permanecer adheridos a sus ojos brillantes; y él, que giraba la cabeza de un lado a otro, de rostro en rostro, como un mismo trompo...

En una oportunidad, en el calor del juego, uno de nosotros -hecho del que posteriormente nos arrepentimos mucho- le reventó un cohete en los labios, detonante que iba dentro de un cigarro. Esa vez lo vimos llorar como un animal herido, sorbiéndose los labios sangrantes, profiriendo un gemido musical, tan doloroso y triste, que nos causó horror y repulsión.

-¡Pobre Akatanqa!

Fue aún peor la vez en que se presentó el Donato Taype; borracho empedernido como era éste, se puso a hacerle blanco de sus bromas pesadas: le embadurnó el rostro con excremento humano e hizo trizas sus harapos dejándolo casi desnudo. Al final, hasta como que quiso meterle el pájaro en la boca, entre risotadas y palabras obscenas.

Nadie se atrevió a decir no a ese abuso. Las pocas voces de protesta que se dejaron oír se perdieron debajo de la risa.

Esa noche, mi madre se puso histérica cuando le conté lo sucedido.

-¡Olvídate de él! –estalló-. ¡Todos olvídense de él!
Y lloró como nunca la había visto llorar.

En esos días, pensé que ella lloraba a culpa de tener un buen corazón, encerrada en la cocina, metida entre las mantas de su lecho, dándose lástimas y rezando con profundo fervor a los santos que se velaban en el altar de su cabecera. Pensé que ella lo apreciaba sólo por aquella relación tan simple que trae consigo el ser todos hijos de Taita Dios. Más de una vez, la vi correr hacia el Satuko llevándole un poco de comida en la escudilla del perro. Hubo aún una vez en que lo cubrió con un poncho cuando lo encontró mojado por la lluvia, arrastrándose sobre el lodo de la calle, tiritando y arrimándose a las puertas....

-¡Buen corazón tiene doña Eulalia!
-¡Dizque hasta lágrimas echa por él!

Así estuvieron ocurriendo las cosas hasta que, un día, el Satuko se apareció más aplastado y encogido que de costumbre.

-¿Qué tienes, papacito?
-¿Qué te duele?

Sentado aquí, como lo estoy ahora, recuerdo mis asuntos propios y pienso en lo que ellos habrán de ser en los tiempos que están por venir. Rememoro mi infancia que llega a modo de llovizna continua y me parece estar viéndolo, señor, allicito, en ese rincón de la calle, en momentos en que nos íbamos para la escuela. Y yo que me acerco a él llevándole el encargo de mamá: un pocillo de mate medicinal que él se lo bebe con avidez.

Nadie pudo hacer nada por él.

El mal lo fue consumiendo cada día. Aumentaron sus legañas y su mugre. Sus ojos, ojos de pajarito herido, fueron extinguiéndose poco a poco.

Mi madre continuaba rezando frente al altar de su lecho.

-¡Recógelo ya, señor de los cielos!

Y una tarde, lo encontraron muerto en su covacha de cartones y esteras, más allacito de la escuela, un poco más acacito de las chacras de maíz, junto a la acequia de regadío.

-¡Vamos a verlo!
-¡Dizque está como dormido nomás!

Escapándonos de la clase, nos acercamos a su querencia. Estaba allí, tendido en su macabro silencio, sobre los cartones de su lecho, reposando en una quietud apacible, portando esos sus inolvidables ojos abiertos.....

Había bastante gente a su alrededor. Todos agradecían a la muerte por haberse llevado lo que en nosotros era una herida cotidiana. Cuando retorné a casa, encontré a mi madre llorando frente a su culpa, frente a lo que era ella sin la presencia del perdón, y me dijo:

-Perdóname, hijo mío. No debí ocultártelo. Se trata de tu padre que, al fin, ha dejado de penar...

El sol ya se estaba ocultando tras los cerros...

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SÓCRATES ZUZUNAGA HUAITA

Nació en Pausa, el 19 de octubre de l954. Es ganador de múltiples concursos literarios a nivel nacional e internacional entre los que destacan el Premio Nacional de Educación HORACIO en l994, l999, 2000, 2007 y 2008; en cuatro oportunidades el Concurso del Cuento de las Mil Palabras de la revista Caretas; Concurso de Cuento “Inca Garcilaso de la Vega” convocado por la Casa de España; Primer Premio de Literatura Quechua de la Universidad Federico Villarreal en cuento (2000) y en poesía (2006); Primer Lugar en el Concurso de Cuentos Infantiles en Quechua de la Asociación PUKLLASUNCHIS del Cusco en el 2000; ganador absoluto del Concurso Nacional Bilingüe de Cuentos WARMA KUYAY en el 2002; Primer Puesto en el Concurso Nacional de Cuento Infantil CARLOTA CARVALLO DE NÚÑEZ; Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuento Infantil convocado por la Editorial SAGSA y la APLIJ; tres veces distinguido en las bienales de cuento Premio COPÉ; dos veces en el Concurso de Narrativa Breve Premio ÑANDÚ; Primer Puesto en el Concurso Magisterial de Cuentos Infantiles de la SUNAT; Primer Puesto en el Concurso de Cuentos del Seminario de Animación a la Lectura Peruano-Uruguaya; Premio Especial en el Concurso literario FESTICUENTO convocado por la Municipalidad de la Molina; Mención Honrosa en el VI Concurso de Cuentos de la Conferencia Episcopal Peruana y en el Concurso de los Viernes Literarios 500; finalista en el Concurso Latinoamericano de Cuentos en Buenos Aires (Argentina), en Puebla (México), en el Premio JUAN RULFO (Francia, París) y en el Concurso de Cuentos HUCHA DE ORO, Madrid, España; últimamente fue distinguido en el Premio Internacional ARTífice de Poesía de Loja (España) por su poemario LUZ DE BARRO (2006)...Ha publicado: Con Llorar No Se Gana Nada, Florecitas de Ñawin Pukio, Recuerdos de Lluvia, Y Tenía Dos Luceros, De Junco y Capulí, Takacho, Takachito, Takachín, Taita Serapio, Tullpa Willaykuna, Zorrito de Puna, Kuyaypa Kanchariynin, Negracha, entre otros…

jueves, 16 de octubre de 2008

El cubismo en Boceli


J-O-H-A-N-N-A









Luís Boceli

El amor es una regresión acuosa.
Nada, flota; soy tu eterno salvavidas ante Todo.


Johanna, acaba de tejer su corazón de quipu a mi alma.
Junta su pecho a mi pecho al contacto del estetoscopio;
nos sentimos infinitos en el futuro del hoy.
J-O-H-A-N-N-A, sintoniza el canal televisivo de mi alma,
me pierdo en los caminos infinitos de su nombre.
Tiene dos ene,
surgen ondas submarinas y radiofónicas al verle,
la última ecuación misteriosa del hombre en lo celeste,
¿qué agujero negro te creó?

J-O-H-A-N-N-A, cuanto amo su masoquismo,
su celestial istmo, su danza del vientre.
La conocí cuando era nada.

Cuando vivía solo y sin nadie que me diga que soy una sustancia de la nada y
esencia del todo universal.
Soy precisamente ello,
querido lector de mi Sistema:
Una hipotenusa en su blusa,
un dado atado de seis a sus labios de ajedrez.

lunes, 13 de octubre de 2008

miradas de piedra



NO DIGAS PIEDRA DI ESTRELLA

César Quispe Ramírez

Sopla para que no seas el mismo animal
que se coloca pliegues marinos
cuando le sube el miedo
en la alteración del pan y las flores
Entre reflejo y reflejo repite las sílabas
y no invoques al fuego
solo sopla y aprende a vivir más cerca del sol
Abre la puerta
y recoge del sueño al ave
que se bate entre las ramas
Inúndate de agua mirando hacia el Sur
Recuerda que tienes los ojos grandes y la piel
crispada
ante los hincones de las agujas románticas

No digas piedra di estrella
No digas llave

di sueño
di hombre
di máquina
di claridad

Descamisa la pulsación de las sílabas
y espera la señal de gracia
o intenta buscar la torre más alta
para pesarte el labio ingrávido

Oye atentamente
el ruiseñor está dentro de ti
con la misma canción
donde el tiempo es casi nada
cuando buscas tu raíz por lo más vulnerable
y escurres por el viento
la embarcación colmadas de paisajes
y hoteles y gaviotas y cuerpos y veranos
y memorias

un poema fresco



LA TARDE ES UNA FRUTA FRESCA

César Quispe Ramírez


Ven como ese verso caliente que consume
a dentelladas los sueños
ven para que en tu pecho broten las rosas
como estrellas
ven a este verano extenso a dejar tus gotas sordas
sobre mis peñas abiertas
Ven y desátame del reloj que ya es mediodía

Afuera la tarde es una fruta fresca
que aletea por la ventana
esperando exprimir su jugo milenario
sobre nuestros cuerpos si se juntan

Desátame para soplar
los ríos las palomas el tibio mar
que emergen de tu piel canela

Dejemos ese ruido de la noche y bebamos
la mejor agua
de nuestros cauces
sin hacernos heridas con nuestros fuegos

Busquemos el reposo como la paloma
busca tus cabellos
para reconstruir su nido
No oigas la campana del día que suena
como un perfume barato
Miremos el cielo y entreguémonos
en sus dedos de pájaro
Solo así podremos lamer la noche
Como animales salvajes

martes, 26 de agosto de 2008

¿Dulce amor?



UN DULCE MAL ENTENDIDO LLAMADO AMOR


por Pedro Lemebel



El chico era guapo, un bombonazo de 20 años que parecía actor de teleserie, de esos figurines masculinos que aparecen en las revistas. Y Lucas era un buen actor conquistando a esa chica mustia que se enamoró de su pelito rubio castaño miel, que al sol daba el mismo viso oro viejo de la tintura Kólestón. Pero los cabellos de colores están de moda, los jóvenes también se tiñen el pelo. Y qué importa, si ella lo ama igual y le salta su corazoncito de tenca cuando lo ve, cuando sabe que va a llegar caminando arqueado con su bluyincito de marca, que le marca toda su humanidad. Con su polerita pegada al talle, como un guante de algodón que empapa el sudor de su guatita, de sus pelitos castaños que se le asoman ombligo abajo. Ella lo ama y no importa más, lo ama incondicionalmente, sin saber realmente qué es lo que le gusta del bello Lucas, el medio mino, tan quebrado en su manera de tomar el cigarro y levantar una ceja a lo James Dean. Y ahora que lo piensa, es igual a James Dean, a Jim Morrison, a Di Caprio, a todos juntos en un solo muchacho de tierno mirar.

Lucas es precioso, y ella una niña simple quitada de bulla, que se extrañó un poco cuando se le declaró, porque de seguro a Lucas le llovían las chicas bellas, de todos los estilos, de todas las edades, de todas partes siempre lo estaban mirando. En la calle, en el cine, en la disco, en el parque, cuando va con ella de la mano las mujeres se dan vuelta a mirarle el culito. Pero Lucas no está ni ahí, porque ni siquiera las ve, y sólo tiene ojos y atención para ella que lo adora, que lo peina, que lo acaricia como a un bebé en sus cálidos brazos. Y a Lucas le gusta sentirse así, amado y necesario para una niña común, una chica que no es fea, es agraciada y simpática, pero todos sus atributos palidecen junto a ese dios nacarado, hermoso como un sol. Y tal vez a todos los hombres bellos les gusta dejarse querer así, dejarse mimar, dejarse regalonear sin hacer ningún esfuerzo en la tranquila balsa del Edipo amor.

Pero una tarde en que ella lo esperaba en su ventana, mirando caer las hojas que alfombran el parque, le pareció distinguir su figura entre los árboles conversando con un desconocido, le pareció reconocer su cuerpo varonil acinturado por el brazo de aquel extraño. Y ya más segura, identificó a su bello Lucas tan contento, tan feliz abrazado a ese hombre, que tal vez era un viejo amigo. ¿Por qué no?. Un compañero de colegio, un vecino de su barrio, un amigote de farra. Total, a Lucas lo quiere toda la gente, que lo saluda, que lo toca, que lo abraza cariñosa. Pero nunca tan apretado, nunca tan cerca, se dijo ella viendo como la pareja buscaba la sombra de la foresta. Viendo como la mejilla de aquel extraño rozaba la de Lucas, buscando su boca, mordiendo su rosada boca en un beso mojado y sin salvavidas. Nunca tan amigos, pensó ella, mientras un velo de lágrimas le enturbiaba el paisaje. Nunca tan amigos, se repitió cerrando la cortina, sabiendo que nunca más lo volvería a ver.

Y de Lucas nunca más se supo. Acaso presintiendo el descubrimiento, nunca más volvió donde ella, la chica descorazonada por aquel mal entendido llamado amor. La chica simple que, al pasar el tiempo, pudo perdonar al bello Lucas, repitiéndose incansable que tal vez ese hombre era un amigo, que eran sólo amigos hombres que se dejaban querer bajo la sombra otoña y bisexual de un parque.

(Este texto esta basado en la canción “Lucas” de Rafaella Carrá)


Pedro Lemebel (Santiago de Chile, 1955) inició su participación activa en el medio cultural de su país en 1987, con el colectivo artístico Las Yeguas del Apocalipsis. Hoy, veinte años después, Lemebel es uno de los escritores más notables de Chile. Sus crónicas de temática y atmósfera ligadas al mundo gay en confrontación a las normas sociales, han trascendido las fronteras sureñas para ser reunidas en más de un libro: La esquina es mi corazón (1995), Loco afán, crónicas de sidario (1996), De perlas y cicatrices (1998) y Zanjón de la aguanda (2003); Lemebel también ha escrito la novela Tengo miedo, torero (2002) y el libro híbrido Adiós mariquita linda (2005).
Nota: Agradezco la colaboración del escritor Pedro Lemebel por su generosidad al contribuir con la edición de éste blog, lo cual llena de mucho valor a nuestro arduo trabajo de querer contribuir al crecimiento cultural de éste país.

Un poema a las chicas malas

El poema que acabo de postear saldrá próximamente en la revista de literatura: "los zorros" en su edición número 7. Acá los dejo con el poema:

El encanto de las prostitutas


Teófilo Villacorta Cahuide


¡Y nosotros que palpábamos
el encanto de las prostitutas
con el movimiento frenético de nuestros cuerpos!

Adolescentes éramos
y los burdeles olían a mar, a bonanza.
El perfume sagrado de las cervezas
movía la gracia de estar allí, copulando
con la desbaratada risa de unos labios encendidos
y el sabor de un rancio poema de amor
trágico
como la leche cortada de mi pubertad.

Allí aprendí a navegar
en ese ondular de cuerpos desnudos
que a veces tiene olor a muerte.

Allí encontré la belleza de un instante
el beso ebrio e inconsciente
la paz en medio del jadeo.

Allí, en la incongruencia de amar lo absurdo,
encontré la puerta a la realidad
la sinceridad del alma desnuda
en esos cuerpos que me dieron su goce furioso
efímero
pero marcado por la navaja de la memoria.

Y nosotros, ampulosos, corríamos con el salario
sobre ese piso de espuma olorosa
donde bailaban sin calzón y sin corpiño
reventando de placer en esa túnica alabastrina
que volaba con la música alargada
adherida a nuestra tímida desnudez.

Ese delirio fugaz era el cielo, bajando
con la última gota
de nuestra imberbe secreción.

viernes, 22 de agosto de 2008

EL MISTERIO Y LA FURIA


El líder de las barras bravas se mató jugando a la ruleta rusa

Por: Luís Miranda


Misterio apoyó el revólver detrás de la oreja, tiró del gatillo y se derrumbó en la cama. “No te juegues así. Levántate, huevón”. Los cinco chiquillos que se habían amanecido con él bebiendo en su cuarto de Jesús María sintieron de golpe que el alcohol dejaba de hacerles efecto. Cuando lo levantaron vieron un charco rojo en el cubrecama. No era broma. Misterio se había matado.

Eran las 8:30 de la mañana del sábado 7 de junio de 1997. Estaban celebrando el aniversario de la Barra de Oriente. En el piso se veía restos de pollo a la brasa al lado de un par de botellas vacías de ron Pomalca blanco y un whisky James Martins. Minutos antes, Misterio había sacado del ropero su enorme Taurus calibre 38, que había conseguido hacía menos de un mes. Descargó cinco balas y las arrojó al suelo. Dejó una en el tambor. Los muchachos, de diecisiete a veintidós años, no querían mostrar miedo. En diciembre del año pasado Rukely, miembro surcano de Trinchera Norte y amigo de Misterio, se había destapado el cráneo jugando a la ruleta rusa. ¿Quería imitarlo?Misterio llevaba su foto en la billetera. En sus momentos de alcohol y sentimentalismo inevitable, la contemplaba. Tenía fea borrachera, asegura uno de sus amigos. “A ver, quién es capaz”, dijo, valentón, y se pegó el primer gatillazo en la sien. Sin bala. Él no tenía miedo, carajo. ¿Ellos sí? El arma apuntó el estómago de uno de los muchachos. Hizo click. Otra vez sin bala. Oe, loco, no te juegues así. Orgulloso de su arrojo, Misterio viró el arma contra sí mismo y apretó. El proyectil salió por el otro lado de su cabeza ¿Lo habría hecho a propósito? ¿No notó que la única bala del tambor se había acomodado para matarlo?“Su sueño de toda la vida fue tener una pistola –dice su prima Karín Angulo–. Una pistola o una moto. Le decíamos: si te compras la moto, cómprate también tu ataúd, porque, como era loco, pensábamos que se iba a matar. Pero se mató con la pistola”.
Fue un sueño que pudo comenzar cuando, en octubre de 1995, dibujando con pintura en spray las letras que anunciaban el nacimiento de la barra de Lurigancho, un sujeto que se declaraba hincha del club Alianza Lima disparó desde un automóvil en marcha y mató a Caradura, su mejor amigo, cuando en realidad el proyectil había estado dirigido a Misterio. En el ropero del cuarto que compartía con su abuela, en su casa de Mangomarca, San Juan de Lurigancho, hay una diminuta inscripción: Caradura vive en mí. Está escrita con tinta roja.
O que pudo iniciarse con un deseo de venganza, cuando luego de robarle el polo de franjas azules a un aliancista, dos meses después de la muerte de Caradura, mientras apoyaba a la gente de la Turba en Magdalena en una pelea de pandillas, se agarró a puñetazos con un policía y recibió un disparo a quemarropa. Tuvo suerte. La bala no tocó ni arterias ni huesos. Pero le quedó el dolor del maltrato en el hospital y en la delegación. Y, lo que le daba más rabia, él estaba desarmado.
La noticia empezó a correr de esquina en esquina por todos los barrios peloteros de Lima. Misterio, el presidente de la Trinchera Norte, uno de los líderes más recios y queridos del submundo de las barras bravas, se había suicidado con su propia arma. Desconcertante. Todos recordaban haberlo visto alegrón, vociferante y atareado con las responsabilidades que demanda la presidencia de Trinchera. Realizar coordinaciones con la directiva del club Universitario de Deportes, comprar pasajes para que la barra pueda viajar a provincias siguiendo al equipo crema, repartir entradas al Estadio entre los treintaiún jefes de barras distritales, visitar auspiciadores y, sobre todo, liderar el trabajo más entretenido: la organización de la barra para que sea el duodécimo jugador de Universitario, inspirarla, motivarla con palabras, cánticos y diversas sustancias antes de ingresar al estadio.
También, y ése era el fin jamás oculto de la Trinchera, preparar el frente de guerreros para golpear, patear y escupir a los hinchas de los equipos enemigos. Haciendo esto se le podía ver en su entera dimensión: era un parador nato, un cabecilla que iba a la vanguardia de su gente sin retroceder jamás, capaz de matar por su equipo, su gente, su barrio, si hubiera sido necesario. Por eso lo respetaban.
Lo recuerdo con nitidez. Nunca lo vi riéndose. Me saludó con un breve movimiento de cabeza el par de veces que me lo crucé en la antesala de la revista donde me ganaba la vida. Era pata de uno de los editores. Le respondí igual. Lo veía con más frecuencia a la puerta del edificio, en la reja de la Bolsa de Valores. Pero ahí nunca saludó. Un compañero de trabajo interpretó que él lo miraba con odio. En realidad miraba así a todos. Tenía ojos de loco. Entonces pocos sabían quién era Misterio.Dos muchachos llegaron a la sencilla casa de tres pisos en calle Los Keros de Mangomarca a dar la mala noticia. La familia se quedó muda. ¿Se había matado? Desde que tienen memoria, tía y tío Angulo Marchand sólo habían recibido quejas de su hijo adoptivo y sobrino. Lunas rotas, muros pintarrajeados, fugas del colegio, broncas, rebeldía, secundaria inconclusa, drogas, pésima reputación en el barrio, robo de un objeto religioso, más broncas. Mientras los cuatro hijos de la familia se portaban como angelitos, el adoptivo realizaba estropicios por todos ellos juntos y más. Ahora recibían una noticia que era como una boleta de mala conducta que tarde o temprano iba a llegar: alguien de la familia debía ir a la morgue del hospital Loayza para reclamar su cuerpo, pues se había matado con su propia arma, la misma arma grande y pesada que dió a guardar a su prima Karín las pocas veces que visitó a su familia en la casa de San Juan de Lurigancho.Ella quiso disponer los servicios mortuorios. Llevó a la morgue un polo de la U porque creyó que era lo justo, un jean y una camisa que halló por allí, refundida, pues Misterio se había mudado hacía veinte días al cuarto de la calle Mello Franco, en Jesús María, llevándose casi toda su ropa, diciendo que la barra iba a pagarle la habitación, en medio de una sensación de estar yendo por fin a un lugar donde nadie le reprocharía sus horarios de lacra social.De hecho, siempre se las había ingeniado para disfrutar de libertad. Trabajó desde muy pequeño para comprarse su propia ropa, como si la dignidad y el orgullo fueran cualidades innatas, algo que no le dejó volverse un niño tímido, que lo hizo, al contrario, un muchacho resuelto. Nacido para la calle, donde estaban los negocios y la vida.La niñez de Misterio o Percy Rodríguez Marchand, como lo bautizaron sus padres, no fue muy afortunada. A los diez meses de nacido su madre murió de un triple paro cardiaco. Le habían recomendado no procrear, pero la joven de veinte años corrió el riesgo. Al poco tiempo, su padre lo abandonó. La familia de su madre se hizo cargo del bebé. Percy se crió con sus tíos como quien vive en un hogar prestado. A pesar de que toda su familia simpatizaba con el equipo de Sporting Cristal, especialmente su padrastro, trabajador de esa compañía cervecera y favorecido con acceso gratuito a los enfrentamientos del equipo celeste, al niño le bastó una vez el juego de Universitario de Deportes para convertirse en un vehemente hincha. La U no era un equipo frío, calculado, sino lleno de pasión y sentimiento. Esas cualidades lo marcaron, recordaba Misterio. A los diez años se escapó del colegio para ver jugar a su equipo en el Estadio Nacional. Siempre se las arregló para no pagar el ingreso. Por las buenas o las malas. Hasta que la policía lo capturó una vez con mil entradas. Tenía doce años. ¿Cómo las consiguió? Su familia lo trasladó a un colegio religioso, pero no tardó en ser expulsado.

Durante unos meses fue jugador de fútbol y su ímpetu más que su virtuosismo lo llevó a estar en el equipo de reserva de Universitario, pero la detección temprana de un soplo al corazón lo hizo renunciar al juego profesional.
Misterio empezó a jugar por la U en otro tipo de canchas. Conoció los hinchas de barrios más aguerridos, El Agustino, El Rímac, y se hizo conocedor de sus maniobras. Se ganó el respeto desde que le sacó la mierda a un pavo, apelativo que reciben los fanáticos del Sporting Cristal, que se atrevió a gritar gallinas a su mancha que tomaba sol en una esquina. En un día memorable, conoció a los fundadores de Trinchera Norte, un grupo de hinchas con antecedentes que surgió en 1988 como reacción ante la pasmosa mansedumbre de la Barra de Oriente de la U, que jamás enfrentaba a los comandos aliancistas, dando sustento a su apodo de gallinas. Hizo suya su consigna: defender el honor crema a cualquier precio.
Pero pronto conoció la decepción. Le molestaba hablar de eso, pero no desconocía los manejos corruptos de los dirigentes de la barra. Cuando tuvo la oportunidad, presentó su postulación a la dirigencia de la organización juvenil. En 1997 consiguió ser elegido presidente de la Trinchera Norte, con un notable apoyo. Su entusiasmo en la presidencia contagiaba. Su bondad sorprendía. ¿No era él quien pedía dinero a los jugadores del equipo crema para que la barra famélica tuviera qué comer en las horas previas a los partidos? Soñaba con quitarle la fama delincuencial. Sólo soñaba. Porque las calles, luego de los partidos, eran campos de batalla. Si no te defendías, te masacraban. Además, la gente inevitablemente quería bacilarse y no siempre había plata para hacerlo. Y el dinero a veces estaba en los bolsillos equivocados.Karín encontró el cuerpo desnudo envuelto en una bandera crema. La Trinchera ya se había ocupado del cadáver. Pidió al hombre de la funeraria que vistiera a su primo muerto. Pero tuvo curiosidad. Examinó las heridas. Tenía el ojo izquierdo negro y un agujero de entrada detrás de la oreja y otro más hacia el extremo opuesto del cráneo. El hombre atractivo, viril, que había sido su primo lucía indefenso en un ataúd. Pese a su fama de mujeriego, mantuvo una relación de siete años con su enamorada Giovanna, también de Mangomarca. Planeaban casarse. Percy se había comprado un juego de muebles, una cocina, un vhs y un juego de comedor. El dinero que ganaba en la Bolsa de Valores, donde había aprendido a pasar acciones para ganarse el pan, era lo mejor que había recibido de otras manos en su vida. Antes se había roto el lomo como mecánico de la empresa cervecera Backus y había quemado suelas como vendedor callejero de libros y cadenas de fantasía. El progreso le llegaba a los veintiséis años en forma de electrodomésticos, cable, una Taurus calibre 38.

Le faltó la moto.Karín estaba sorprendida. Veía largas colas de chiquillos estacionadas ante la casa durante el velorio, adolescentes que lo lloraban sin consuelo, cantándole a coro Misterio vive en mí, Misterio vive en mí, Misterio vive en mí, era para lagrimear de pena y de emoción. Pena y emoción exageradas cuando unos jóvenes, inspirados por algo inexpicable, sacaron la tapa del ataúd, abrazaron el cuerpo rígido de Misterio y le pusieron el polo crema de la barra de Agustinorte y, cuidadosamente, una viscera con el emblema de la U; la familia dejándolos hacerlo, como si el muerto no fuera de ellos sino de todos esos muchachos alcoholizados que moqueaban sin consuelo como si se les hubiera muerto el papá.
Dos días velándolo. Karín seguía sorprendida. Se acordó que la única vez que vio tanta gente en casa fue cuando Misterio cumplió veinticinco años. Hizo una anticuchada, llegó toda la Trinchera y ella, buena negociante, vendió cuarentaiocho cajas de cerveza. Al siguiente día misa de cuerpo presente en el estadio Lolo Fernández. El cura oficiando seriote y profesional. Luego, la vuelta de despedida al gramado, los huérfanos colgándose del cajón, coreando no se va, no se va, Misterio no se va. Pero la familia angustiada porque el entierro pagado por un canal de televisión en el cementerio Parque del Recuerdo estaba programado ese mismo día para las cinco y ya eran las cuatro y cuarto de la tarde, y la chiquillada no dejaba subir el féretro a la carroza para que su cabecilla no terminara de despedirse. Engañándoles el lugar del sepelio, porque no había espacio para tanta gente en el camposanto. Finalmente, el cajón descendiendo despacito al fondo de la fosa en olor de gloria, amigos cubriendo el ataúd con una bandera crema de quince metros y gorras y flores. Para el líder muerto por una temeridad y por una estupidez.
Duda cruel cruzando las cabezas de los familiares. ¿Alguna vez tendremos nosotros un entierro así?

Poesía Urbana


Umbral

Augusto Rubio Acosta


Se internó en los basurales
del rico Progre
( al fondo hay sitio )
se acercó a los pasteleros del reservorio
para preguntarles por Dios
sospecharon de la ingenuidad de sus palabras
del reportaje hirviendo
de los abismos de sus vidas…
¿Quién mierda eres para hablarnos
de los últimos tronchos del verano?
¿por qué preguntas por la soledad de los cañazos
en la refri abandonada de tus días?...


Un día causa
nos dijeron:
“nunca se acuesten en los pasadizos”
(por ahí caminan vivos y muertos)
“jamás confíen en los periodistas”
(esos cojudos que lo cambian todo)
por eso jateamos aquí
sobre el colchón de panca
y nuestra muerte joven
aquí estamos
vivitos
gritando
( y fumando rico )
sobre esta pampa
edificaré mi casa
( soli )
adentro florecerán mis yerbas
y habrá de macerarse
el amargo licor de nuestra historia.
Pero ¿a quién le importan
( reportero )
tus poemas de pollada?
¿a quién carajo las patrañas
culturosas y cojudas de tu vida?...


Se internó en los corralones
de la noche
para preguntarse
si esa terca soledad aún lo habita
o si ya es indubitable
el tiempo la certeza
la pisada
de su nueva vida.

viernes, 4 de enero de 2008

poema a Freud de Augusto Rubio Acosta


Encuentro con Freud en la Parada El Progreso


Qui addit scieniam
addit et dolores


Augusto Rubio Acosta



Amaneció en el bar
interpretando mi insomnio
mordió una papa amarilla con euforia
y repitió el pellejo reventado
( a dos lucas y media el plato )
se solidarizó con Copérnico
Darwin Marx
y con la barba insulsa de Charcot
los fruteros preguntaron por él
al ver su foto en el periódico
se palteó con el cireo del ruquerío
( fui fuiiu… )
en el jirón Victoria
se disfrazó de predicador chamán
candidato a palaciego
y junto al monumento al cachaco
( desconocido )
ofrendó su conocimiento al mar.


… En mi gobierno
los sueños de los niños
( proscritos )
tendrán sentido
aunque ellos jamás lo sepan
lo que suceda en sus cabezas
me será comunicado
y aflorará el inconsciente
vital bestial y asqueroso
que nos ha hecho como somos
que ha reprimido nuestra voz
hasta hacerla insignificante
censurando el mejor matiz
de nuestra perdición.


Onírico y verás
( con pinta de reforma agraria )
un pelador de pollos
preguntó por el dibujo el casillero
el numerito a marcar
en la cédula de sufragio
en su humanísima condición de globalizado
un maruchero se inspiró:
por qué michi no pegas tu cacharro
en los postes causa no seas cojú…


Las pachangueras al costado del puente
nos ofrecieron champú cuando nos fuimos
en las chinganas de Jorge Chávez
bebimos a borbotones el brebaje vulgar
de nuestras propias desgracias
estoy cansado de reflejarme en las chairas
aberraciones y neurosis
harto de la mustia luz de los semáforos y silbatos
que no me dejan prolongar mi tiempo
y soñar
estoy lejos de Bergasse 19
de Viena inerme de las frutas podridas
y de la histeria de su mar.


La primera vez que Freud visitó El Progreso
una verdad descalza gris e impronunciable
inundó como una correntada violenta
esa intensa letanía el jardín inexistente
de nuestra invisible infancia.
Hemos perdido el entusiasmo Sigmund
no escribiremos más
ahora nos toca soñar.
www.mareacultural.blogspot.com

una crónica de fin de año





Here comes the sun,
here comes the sun
and I say it's all right

Augusto Rubio Acosta


Diez de la noche. Avenida Gálvez. Treinta y uno de diciembre. Escuchando la música extraviada que vomita algún parlante colorido a mitad de nuestra cuadra (va a haber tono), avanzamos a pie esquivando las bolsas de basura abiertas y las cajas de panetón inmundas regadas en la acera, camino al malecón.
Si quieres saber de mi vida, anda pregúntale al mar…, había leído El Innombrable en no sé qué oscuro y luminoso libro que jamás le devolvieron, y terminó convenciéndonos para asistir al ritual, acabó contagiándonos su pavorosa sed y haciendo gala del floreo maldito que se manejaba, trazó el mapa de nuestra ruta.

Y ahí estábamos: la Refri, con su mirada adolescente, los anteojos de carey poblando el parpadeo de las lucesitas de los árboles, y sus piernas chuecas (pero buenas); ahí estaba la Mily, la loca esa, regalona, la mejor herencia que su difunto padre había dejado a la cuadra (porque el resto de sus hermanas estaban para el gato) y que siempre solía pulirse un absolut vodka de su bosque-tienda para invitarle a los patas, a su gente, a la mancha. El tercer material –el de fondo- se llamaba Mayte y masticaba siempre clorets eucaliptus cuando estaba nerviosa o para intentar ocultar –inútilmente- el tufo bravo de las amanecidas sin nombre; pero a ella se le perdonaba todo porque era linda y estaba fuerte, porque todos la habíamos soñado en nuestras camas de tablas viejas y porque era la quinta esencia, la coca-colita en el desierto de nuestro barrio pobre pero añil claridad.

A Vicius no se le ocurrió mejor idea que redactar un manifiesto: una larga lista de reclamos y deseos frustrados se volvió a repetir sobre un papel en blanco, el mismo que fue introducido en una botella. El i-pod del Innombrable dejaba oír el Honky Tonk woman y Vicius sacó partido a su aire a Mick Jagger, un Jagger cholo -stone del jirón Pizarro- y se puso a cantar a voz en cuello de cara al mar… Cuando acabó la canción, sonó el Here comes the sun, de The Beatles, y nos pusimos a cantar en coro.

Little darlin' it's been a long cold lonely winter
Little darlin' it feels like years since it's been here
Here comes the sun, here comes the sun
And I say it's all right...

De a poco se fueron acercando pal` brindis los ebrios de fin de año, las parejitas entonadas y transeúntes de la zona, los chibolos que reventaban cohetecillos ante la luz indómita de los autos, y nosotros cantándole a la vida y al amor cojudo como burros en primavera…Saludsalud, causita. ¡Salud, flaca! ¿Y quién va a lanzar la botella al mar, brother? Tú, Mayte; no, yo no. Tú, Vicius; no, chochera, yo paso. Tú, cimarrón… Entonces, cuando a todos nos parecía sentir las once de la noche en nuestros rostros, cuando la desfalleciente luna dominaba la Plaza 28 de Julio, y el vértigo ancestral y delirante de la música había atraído a una docena de juveniles e irredentos gruopies, nuestro pequeño mundo de flores, petardos, hard rock y coronas de espinas se vino abajo: el puto serenazgo había llegado.

Oe, Chunchito, yo pago mis impuestos ¿ya?; además la plaza es de todos, no es tuya… A ver, pé, sácame. Sácame, pues, oye, cerdo; sácame… Un sereno con cara de caficho reía a bordo de la camioneta. La Refri, grandaza, estaba lo suficientemente acalorada como para espantar a los uniformados ella sola. El sereno caficho se acercó –sorprendentemente- a abrazarla fuerte... Se apachurraron, se besaron (creo), se sonrojó, se le evaporó la risita al chofica y se subieron al roca a seguir loreando. Ya vamos promoción, cálmate y no seas achori. Qué te cuentas; vítame del queirolito y te pongo un cidí paja que estoy seguro te va a gustar… Ya muchachos, todo tranqui, no pasa nada acá… ¿Por qué no nos dejan de joder, oye, y la hacemos juntos mano; es año nuevo, promoción, no jodan, pues…

La luz de los postes nos enceguecía de rato en rato. Mayte y las chicas se habían entonado pasadas las once y media. Los chibolos que reventaban ratablancas se guardaron en sus casas in promptus y nadie, nadie ya estaba en la plaza –sino nosotros- a esa altura de la noche. Sólo el etéreo sonido del i-pod, la voz de Jagger -y nuestros aullidos- flotaban en el malecón junto a una botella sin lanzar.

Los serenos sí que eran jarros; dos joncas mitad mitad salieron deadebajo del asiento donde van los faltosos. Saludsalud, chochera; ¿qué?, ¿ya ves?, sírvete lleno, brother, es año nuevo, mañana es feriado y no tendrás que llegar entelado a la oficina, hacerte el cojudo (el que trabajas harto) y volverás a este mismo roca para continuar quitándole sus carretillas y su merca a las tías que venden sandía y cachivaches en El Progre. Abusivo eres m…

La noche estaba a punto y nos pusimos a planificar lo que venía. Recorrimos el sur, las discotecas estaban llenas y los karaokes reventaban; visitamos uno que otro tono que nos esperaba como invitados o paracaidistas, pero ya habían sido: nada fuera de lo común, nada nice e interesante... ¿Y si volvemos a la cuadra? El tono debe estar arrancando…

El vehículo edil se estacionó a un costado de la estera de carrizo (mismo velorio) que bloqueaba el ingreso a los pirañas de la zona. No nos quedaba otra… Habla vecino, cómo es para entrar. Pasa nomás, Cimarrón, ustedes son del barrio...
Y a nosotros, que nos gustaba un tanto cierta música difícil, terminamos bailando a rabiar con el Grupo Maravilla, revolcándonos con Chacalón, Pintura Roja y haciendo trencitos con el Grupo Néctar. El trago pasaba de mano en vaso en las bancas y mesas instaladas a mitad del asfalto. De la cerveza inicial se pasó a un vino de cinco lucas la botella y a la venta en el Comedor de Heraldo. Las muchachas sudaban, ardían. El baile se hizo general como a la una y en los telos del frente empezaron a sonar los timbres para quemar el año ido. ¡Feliz año nuevo, muchachos!, si yo los conocí chiquitos… Los viejos verdes de la cuadra parecían disfrutar recordando sus tiempos alrededor de la nostalgia. ¡Este año va ser mejor, carajo!, ¡este año salen nuestras veredas del presupuesto participativo y nos cambian el podrido desagüe!, ¡Tantos años esperando!...

Los tonos huaynocumbieros debían ser siempre así de malditos, igual de radicales en cuanto al baile, mucho más entrañables que cualquier tono en la ciudad (aunque nadie nos crea)… Y la Refri empezó a cantar Antahuara, Vives equivocada (casi llora la desgraciada) y después El tikitiki, de Los Mirlos. Los cocharcas de la cuadra pidieron a gritos al diyéik que pongan Esclavo y amo, Hipocresía y El reloj, de Los Pasteles Verdes, pero nadie les hizo caso. Al fondo, los más choborras, los que habían arrancado la tranca interminable en la esquina de Gálvez con Pizarro a las cuatro de la tarde, se alzaron nerviosos, tensos y mareados para exigir Amargo amor.

A las mil y quinientas, los serenos y los salseros duros demandaron bailar con su negro El Cartagena, y con el cantante de los cantantes, mientras las tías cuarentonas mandaban papelitos al dijéik para que se busque el 45 RPM de Chico de mi barrio. ¡Ahí viene el sol, Cimarrón, chequea!... Y el alba empezó a despuntar como a las cinco y media en nuestros ojos. Nos sorprendió abrazados alrededor de una mesa, entregados a la nostalgia por los tiempos idos y a nuestra vieja pasión por la conversa infinita. Yo nunca había bailado ni cantado estas canciones; yo tampoco chochera, pero no están mal. Este año me voy, espero que por allá estén mejor las cosas; en febrero me mudo a los YU ES EI, los voy a extrañar. A mediados renuncio a mi vieja chamba y me dedico a otras cosas; ya quisiera estar en tu lugar; más tarde vamos a la playa, qué dicen, yo le saco el carro a mi papá…

Si quieres saber de mi vida, anda pregúntale al mar. Es miércoles primero de enero y hemos venido al malecón. Alguien tenía que lanzar esta botella al mar a pesar de la resaca. Es de mañana, he escrito un par de poemas para mi nuevo libro (en el papelito dejo constancia) y redacto estas líneas que hablan de la música, de la alegría de estos días, pero también de libertad.

dos poemas de ROGER GARCIA CLAVO

La voz que surge del alma




HOMBRES DE MAYO


Por un bote te deslizas distante
como una hormiga tratando de silenciar a los hombres
o a los nombres que en mayo se cobijan.
No es tu mirada ni el cortado de las ramas
que se niegan a dar su flor,
tampoco tus manos que se izan al cielo
para atrapar algún ángel
sino tu corazón que se empuma en las rocas
hasta hacer brillar las orillas y el sol.

Mucho menos los pájaros
que itineran el proceso de esta escritura
sino el silencio de tus ojos que hasta lloran
con la alegría de la lluvia por permanecer latente.

Hombre de Mayo
corazón de aguas que nos quemas la sangre,
los recuerdos entre pozos que nos persiguen
por noches de pesca
hasta adherir la muerte en la vida.

Hombres de Mayo
venas que se alimentan en tantos tunches,
duendes de la lluvia,
hasta desbordarse en nuestro grito
la esperanza del nuevo día,
vuelo de pájaro,
o canto de gavilanes que permanecen al son son del día.
Te deslumbras tú mismo del verde pasto
así como aprietas las aguas que corren
tan hilo por tu sangre hasta no ser herida.
Hombres de Mayo
el palpitante sol de tu espalda
quizá nunca se apague cuando termine el alba.




TANTAS COSAS



Hay horas, en estos lugares, en que la poesía
no es más que unas ganas de gritar
todos los nombres
que aún desconozco.
Diría sólo aquella letra que menos me confunde.
Empezaría diciendo: río, hombre, mayo
hasta diría voluntad en negrita
por las infinitas cosas que se apresuran
a florecer en esta orilla, de esta hora
donde las hojarascas dan el silbido
alrededor de nuestros sueños.

un cuento exquisito

DANIEL GONZALES



Galileo acaba de iniciar sesión


Colocha amistosa: Hola galileo, ¿eres español?
Richard: No María, no puedo esperarte más, tienes que venir; si no lo haces, me mataré.
Colocha amistosa: Ya pues galileo, háblame.

Lobo_cazador acaba de ingresar a Charlas literarias

Miguel Ángel: Lo que pasa es que al ir a cazar él se encontró con Melquíades y este le dijo todo de lo de la familia: sobre el final de su historia. Entonces decidió desaparecer, finiquitarse.
Colocha amistosa: Por fa’, no me dejes hablando sola; o estás ocupado
Lobo_cazador: ¿Hay alguien aquí?
Galileo: Evito hablar con extraños
María: Tengo un compromiso, no puedo ir ahora
Colocha amistosa: Ya pues Galileo, dime de dónde eres
Galileo: Soy del ciberespacio
Richard: Claro, se supone que ahora te encontrarás con Hunter: Para él siempre estás
Colocha amistosa: No puedes ser del ciberespacio; ya pues, no juegues, ¿no quieres hablar? En todo caso, no debieras estar aquí.
Lectorcito: Pero qué conseguía con su muerte
Lobo_cazador: Hola lectorcitos
Miguel Ángel: desbaratar la historia
María: Es un compromiso social, no es lo que tú piensas. Además, Hunter es primo mío
Richard: Y supongo que yo también para otros debo ser familiar tuyo
María: Ya no empieces, sabes que no soporto esas pataletas tuyas. Debo ir a una exposición de pintura.
Galileo: Era de Irlanda, ahora… ya no lo sé; por eso digo que del ciberespacio.
Colocha amistosa: Dime, ¿te gustan las latinoamericanas?
Galileo: ¿De dónde eres tú?
Lobo_cazador: Alguna nena ardiente… Hola Colocha
Colocha amistosa: De Colombia.
Galileo: Prefiero evitar a las de tu género, solo traen problemas. Conocí a una que no he terminado de quitármela de encima.
Colocha amistosa: Pero yo puedo ser diferente. Quieres ir al privado conmigo
Galileo: Me da igual.
Richard: ¿Puedo ir contigo?
María: Iré sola; quiero un poco de espacio hoy. ¡Acaso no puedes entenderlo! Dios mío, quién pudiera hacerlo.
Colocha amistosa: Es que aquí hablan todos y no podemos estar en paz
Lobo_cazador: Yo te acompaño mi amor. Contigo a donde sea
Lectorcito: ¿Y como explicas el olor a pólvora que queda después y sigue impregnado en la tierra luego de muchos años?
Richard: Pero yo te amo.
María: No es suficiente el amor. Hay algo más, algo que… dejémoslo ahí.
Lobo_cazador: Yo sé amar de verdad. Pruébame ricura
Miguel Ángel: Es que al Gabo no le quedó otra que idear algo para justificar su ausencia, pues José Arcadio debía continuar en la historia. Y luego del suicidio, solo pudo llenar el vacío con algo que recordara su presencia.
Lectorcito: Tal vez por eso dejó recluida a Rebeca en su casa hasta su muerte. Porque ya no podía interactuar.
Lobo_cazador: Presénteme a esa Rebeca y yo le hago compañía
Miguel Ángel: Claro; ya vas entendiendo
Richard: Te seguiré. Ya me dijiste a dónde vas. Sabré dónde encontrarte.
María: Si lo haces, no te hablaré más. No contestaré tus escritos
Lobo_cazador: No lo dejes María, no lo dejes llorando
Lectorcito: Ah, entonces por eso el hilo de sangre, porque se supone que Ursula estaba distraída en sus caramelitos de animales y no tenía tiempo para nada, porque el narrador lo dispuso así. Y luego del disparo, forzó a que el hilo de sangre llegara a ella y la guiara así como está narrado en la historia.
Miguel Ángel: No lo pensé yo así, pero vale tu razonamiento; ya vas agarrando la lógica.
Lobo_cazador: O sea yo estoy Pintado. Aburridos.

Lobo_cazador abandonó Charlas literarias

Galileo aceptó la invitación al privado

Colocha amistosa: Dime Galileo, ¿cuál es tu verdadera historia?
Galileo: pues no lo creerías, mejor hablemos de ti.
Colocha amistosa: Ah no; tú eres el que debe hablar. Estoy dispuesta a escucharte cariño (es un decir)
Galileo: pues se resume a diez años. Solo eso, después de diez largos años se me presentó ella y no pude contener la sangre.
Colocha amistosa: O sea te enamoraste de ella
Galileo: Algo peor, debiste estar en mi lugar para saber qué siente uno después de diez años.
Colocha amistosa: No entiendo nada
Galileo: Mejor lo dejamos ahí. ¿Dices que eres colombiana?
Colocha amistosa: Sí
Galileo: Ya hay solución a vuestros conflictos internos
Colocha amistosa: Creo que a nadie le interesa eso más que a nosotros, que lo padecemos.
Galileo: Yo estuve en una de esas maravillosas revoluciones. Bueno, estuve muy cerca, casi llegué. Lo viví como si fuera mi propio conflicto. Quise ayudar. El destino me lo impidió.
Colocha amistosa: Una revolución como la de mi país. ¿Acaso la de Perú?
Galileo: No, pero da lo mismo… Estuve en Canudos. ¿Te dice algo?
Colocha amistosa: Verdaderamente, no.
Galileo: Fue hace mucho tiempo, en Brasil.
Colocha amistosa: No la recuerdo. ¿Entonces, ya eres mayor?
Galileo: No lo sé. ¿Qué año es?
Colocha amistosa: 2007; ¿En qué mundo andas?
Galileo: No lo sé. ¿En qué mundo andas tú?
Colocha amistosa: En este pues; tú eres el que parece de otro mundo
Galileo: Veo que no eres lectora, ese es el problema.
Colocha amistosa: ¿Y tú sí lo eres, mi amor?
Galileo: Vez, te dije que no entenderías.

Colocha amistosa abandonó sesión

Richard: María, ¿sigues ahí?
María: Sí, no puedo irme si no me dices que estarás bien.
Richard: Nunca lo estaré. Pero me quedaré a esperarte. ¿Volverás?
María: Claro, te quiero, siempre estaré contigo, lo sabes.
Richard: pero solo como amiga.
María: Me voy.
Miguel Ángel: Oye Lector, ¿quiénes son estos dos?, parecen conocidos

María abandonó Charlas literarias

Lectorcito: Todo parece conocido aquí. ¿Y qué pasaría con los dos perrazos que tenía José Arcadio?
Miguel Ángel: Es un detalle que el Gabo dejó de narrar
Lectorcito: Sí. Pues a ver si lo discutimos en otro momento. Debo salir
Miguel Ángel: Ok, yo debo hacer lo mismo

Galileo acaba de ingresar a Charlas literarias

Lectorcito: Adiós personaje vargasllosiano, te quedas solo;
­Galileo: No importa, estoy acostumbrado a estar aquí.

Jurema acaba de ingresar a Charlas literarias

Miguel Ángel: Chau a todos. Saludos a los otros que paran siempre aquí.

Miguel Ángel y Lectorcito acaban de cerrar sesión

Jurema: ¿Galileo; estás ahí?
Galileo: ¿Acaso no se puede huir de ti?
Jurema: No mientras sigas en este mundo
Galileo: Pero ya te pedí perdón
Galileo: El perdón no remedia nada
Galileo: Si solo pudieras olvidar
Jurema: No se puede olvidar desde mi posición

Rufino acaba de iniciar sesión

Rufino: ¿Alguien ha visto a Galileo Gall?

dos poemas de Axthedmio Mau Guil

BREVE ANATOMIA DE LA SOMBRA



Dromedarios abriles en tibios apellidos de nada


“La muerte es grande.
Le pertenecemos, con la risa en los labios.
Cuando nos creemos en el corazón de la vida,
Osa, de pronto, llorar en nosotros”
Rilke.


Cierro mis ojos
Cierro las celdas de mi cráneo
Cierro el extraño ruido del silencio
Que ociosas van tomando forma de poema
Pienso y no pienso en un asesinato
Resuelvo en una triste ecuación cuadrática de besos
Estos dromedarios abriles góticos de amor
Pienso en la naturaleza del cuchillo
Y entre su desnudez artística me secuestro
A veces pienso y cierro los no ojos
El mundo parece apretar mis parietales con los muslos
De mis ojos
Pienso en no
Una sílaba enloquecida
Resbalándose bajo la espalda de junio
Que toma forma de híbridos ataúdes
Y en cada una de ellas
Un tibio apellido con olor y sabor a Nada.




Sólo una isla:
un océano de mujer


Un labio que camina en la cabellera de los días
Tiene más nombres que un beso en un año
El silencio es perfecto
Comiendo peces agrio de melancolía
Naufrago en un océano de incertidumbre
Mirando pasar bajeles de lujuria en la infancia de mis dedos
SOLEDAD
Desnuda y loca deambula su monosílabo noviazgo
En la arena de los días
Con un apetecible cuerpo de gemebunda mujer
Sus lágrimas se convierten en islas
Y
Sus islas en gemidos

lunes, 24 de septiembre de 2007

Crónicas de madrugada


Un termómetro infalible para los jotitas

Ricardo Ayllón

Levantarse a eso de las seis de la mañana no precisamente para ver ganar a los jotitas, sino para que –con el cielo despejado de uno de sus triunfos– tener el mejor motivo de iniciar un día distinto, uno en que la antesala laboral no sea el de las noticias absurdas de terremotos lucrados por los amantes de las donaciones, o de los ómnibus despedazados por la trampa negra de sus malos pilotos; un día en que sea posible salir de casa con la cabeza en alto, ser peruano sin mortificarse por los hacedores de la vergüenza ajena. Porque los jotitas son el alba blanquirroja de una mañana bienaventurada, la excepción en el colectivo que nos lleva al trabajo, la noticia de la radio prolongada en vítores deportivos y no en los gemidos arrugados de las canciones del recuerdo, aquella música malsana de esas radios que aseguran vender “felicidad” echándonos a perder el día con el lamento de sus amores de figurín.
He bautizado a estos amaneceres afortunados de agosto como “mañanas jotita”, estos que cuando acaben harán más falta que nunca para que este país cambie de mirada y se purifique en una sonrisa, en un rostro remozado. Pues la felicidad en esta realidad peruana casi siempre dura poco, es casi un albur, un guiño cachaciento, un recorrido de cincuenta céntimos en combi.
El partido de ayer miércoles fue vibrante, laaaargo como la noche de un asmático, pero vivificante en su definición. Hemos pasado sobre Togo, Corea, Costa Rica y Tayikistán, y no acabo de averiguar si esta felicidad solo es un bluf… lástima de mí. Es que estos cuatro triunfos de Mundial no contienen la certidumbre de lo substancial, pues a los jotitas aún les falta medirse con un equipo verdadero. Ninguno de estas cuatro selecciones personifica un poderío en la escena futbolera; por eso aguardo como un masoquista la justa contra Ghana, y saber si realmente estos muchachos tienen dimensión.
Ghana es el verdadero reto. Estos jóvenes africanos que no lo son tanto porque periodistas y viejos dirigentes internacionales han soltado la noticia de que tienen más de 17 años, y la FIFA no ha sabido ocultarla ni siquiera con su investidura. Se jugará en desventaja física y eso sí que vale la pena para una medición, con el añadido de que África ha impuesto su presencia en estas pugnas juveniles desde hace algunos años.
Contraria a nuestra costumbre juerguera, mañana viernes nos “meteremos al sobre” temprano para que el castigo del cambio de horario nos reciba descansados este sábado. El partido es a las cuatro de la mañana, y aguardamos con confianza que la celebración del primer gol atrase al gallo en el estrépito madrugador.
¿Cuánto más pueden los jotitas?, ¿hasta dónde llegan su coraje y eficacia? Son preguntas que suenan odiosas para esta adorable manchita de muchachos que recién entran a ver el fútbol con ojos responsables, pero se alzan como una necesidad si aún queremos concebir este deporte como percutor de la alegría. Ghana será un termómetro infalible, de eso nadie nos salva, ni a los jotitas ni a nosotros, que retornaremos nuevamente a la expectativa convulsa y mañanera de reconocernos ganadores.


Ricardo Ayllón nació en Chimbote, Perú, en 1969. Es profesional en Derecho y Ciencia Política. Publicó los libros de poesía Almacén de invierno (1996), Des/Nudos (1998), A la sombra de todos los espejos (2003), y los conjuntos de relatos Monólogos para Leonardo (2001), Baladas del ornitorrinco (2005) e Imberbes (2005). Es colaborador en el Diario La Industria de Chimbote y en las revistas culturales Kordillera, Arteidea y Revista Peruana de Literatura. Dirige el sello Ornitorrinco Editores.

cuento de Charles Bukowski


EL PERRO Y EL FRASCO"

-Mi lindo perro, mi buen perro, mi querido perrito, acércate y ven a respirar un excelente perfume comprado en la mejor perfumería de la ciudad."Y el perro, agitando la cola, lo que es, creo, entre esos pobres seres, el signo correspondiente a la risa y la sonrisa, se aproxima y posa curiosamente su nariz húmeda sobre el frasco destapado; después, reculando de improviso con espanto, ladra contra mí a manera de reproche."-¡Ah! miserable perro, si te hubiese ofrecido un paquete de excrementos, lo hubieras olfateado con delicia y quizás devorado. Así, tú mismo, indigno compañero de mi triste vida, te pareces al público, a quien nunca hay que ofrecer delicados perfumes que lo exasperan, sino inmundicias cuidadosamente elegidas."


Charles Bukowski nació en Andernach, en Alemania, en 1920. Empezó a escribir cuentos muy joven pero, tras un primer relato publicado por una revista en 1944, abandonó la literatura por un espacio de diez años, en los que sentó los cimientos de su leyenda alcohólica. Empezó a publicar poesías y relatos cortos en revistas underground, hasta que a los 49 años, después de haber trabajado los últimos 20 en el servicio de correos (como repartidor), dejó el trabajo y se dedicó sólo a escribir, su fruto fue Cartero (1970), su primera novela. A ésta seguirían otras cinco, todas protagonizadas por Henry «Hank» Chinaski, alter ego del propio Bukowski. El éxito lo convirtió en escritor de culto y poco a poco su popularidad se extendió más allá del nuevo continente. Las lecturas de poesía y esporádicos viajes (uno de ellos a Europa, visitando su pueblo natal y reencontrándose con familiares lejanos) convirtieron sus últimos años de vida en una constante lucha contra la comodidad y el aburguesamiento, y fruto de ello publicó Peleando a la Contra, un auténtico testamento oficial y la auténtica biografía de Charles Bukowski.

cuento de Claudia Ulloa Donoso


MANTEL BLANCO


Se van colocando los platos, las copas, los vasos; el tenedor a la izquierda, el cuchillo a la derecha y con el filo hacia dentro. Todos hacen un ruido ahogado y agradable sobre el mantel, que huele a limpio en la mesa recién puesta.

A lo lejos, se oye a un cuchillo picar alguna hierba que sangra clorofila.

Mi madre se sienta a descansar un momento. Cruza las piernas, se rasca con sus manos verdes de perejil, la tibia, que ella suele llamarla espina, como si su esqueleto fuese de un pescado. Veo al trasluz, que miles de escamas pequeñísimas de su piel vuelan por el aire.

— Y cuando ésta nació, ni lloró; pero sí, qué angustia ese silencio...

Hablan del cordón umbilical, de la grasa en la piel de los bebés recién nacidos, de la leche materna hirviendo, saliendo de sus pechos y mojando todos sus sastres. Sus palabras se van mezclando con los sonidos de las ollas y los cubiertos, mientras yo voy imaginando que un bebé crece dentro de una olla tibia, se cocina en líquido amniótico y luego sale colorado, oliendo a pescado, a leche, a grasa; como la comida de la cocina.

— Pero lo peligroso es cuando se te rompe la fuente...

La escucho mientras deslizo mi mano sobre el mantel. La textura de la tela me produce escalofríos. En los surcos de las palmas de mis manos se enredan las pelusas del lino: como el tacto de la piel de un bebé de trapo.

— ¡Carajo! ¿Y ahora dónde pongo los rollitos de pescado? —grita mi hermana en la cocina.

Yo me río por la fuente rota, como si alguien fuese a nacer ahora mismo en la cocina. Sé qué fuente es, lo sé por el ruido de ésta: una fuente azul de un material ligero que es una mezcla entre cerámica y vidrio.

Partículas azules que cortan se esparcen por la cocina y caen sobre el pescado: carne blanca con puntitos azules de detergente que nos va a limpiar las entrañas llenas de mierda.

Mi madre deja de hablar del calostro y corre a la cocina. Sus zapatos de taco hacen el ruido de un galope.

— Usa la transparente, entonces —dice casi gritando.

Un portazo.

Regresa con las manos limpias y mojadas.

— Felizmente que este año todavía se pueden hacer estas cosas, porque como está la situación, quién sabe si más adelante se podrá romper las fuentes y comer corvina.

Mi tía, la más joven, se pinta las uñas de los pies en el sillón de la sala. Pregunta que si el color rojo de su esmalte es del mismo tono que el de su vestido. Se queja de que el esmalte le arde siempre en la uña más pequeña.

— Tendrás un hongo...

Ahora se enoja por el comentario. Dice que ella es la más blanca de todas las hermanas y que su piel es más delicada, que por eso le arde.

— ¿Te acuerdas cuando a mí nada más me dio insolación en Punta Negra?

Se sigue pintando las uñas y hace un ruido como si sorbiera sopa, mientras el esmalte rojo hierve en su dedo meñique del pie.

Llega mi otra tía. Entra a la sala casi corriendo, con sus piernas apuradas y firmes que mueven su faldón como una bandera multicolor de seda. Carga una talega de flores blancas y amarillas.

— Qué horrorosas las amarillas. Así desentonas todo...

— Bueno, las flores eran mi parte ¿no? Amarillo de la felicidad, como la fecha, y a quien no le guste, ajo y agua.

Mi tía huele a crisantemos, a perfume AnaísAnaís, a la ruda que ha traído del mercado y le dice a mi prima, en voz baja:

— Anda, ponle esta ramita a mi santito.

Mi prima coge la rama como si fuera un plumero y sube las escaleras en pasos largos dejando un escalón, cantando dame más gasolina, regando las hojas de ruda e impregnando la casa con ese olor meloso y de hechizo. De pronto, la avalancha de sus pasos agitados bajan como palos rodando por las escaleras de madera.

— ¡El santo me movió los ojos, mamá!

Mi tía, emocionada, dice que al fin se le va a hacer el milagro, ese milagro del que siempre habla pero nadie sabe qué es.

Mi hermana entra al comedor y camina alrededor de la mesa.

— Falta que llegue Tony con el vino blanco- le dice mi madre.

— Ojalá que no se le vaya ocurrir comprar vino en caja, porque él es así...

Mientras espero que llegue el resto de la familia, me pregunto de dónde se habrán alquilado estas mesas. Son bastante simples, de madera prensada, sostenidas de unos caballetes horribles de fierro de construcción pintado con esmalte negro.

Pero el mantel blanco lo tapa todo.

Mi hermana vuelve con la fuente de vidrio llena de pescado recién salido del horno, que calienta el mantel y hace que salga de éste el olor a detergente de puntitos azules, como los que hay casi invisibles sobre la corvina que nos vamos a comer hoy.

Empieza a llegar más gente. Se oyen más conversaciones sobre ex maridos e hijos que sí lloraron al nacer, ruidos de sillas que se arrastran, murmullos sobre mi novio, que está gordo y que compra vino en caja.

Miro el mantel blanco de la familia sobre las mesas horribles de madera prensada: veo chicles pegados en los filos, mocos y cosas resecas. Leo palabras “10p fam. Gutierrez para entregar” “Sra. Selmira Segura vd. Salas”, “Diaz novia local PIP” y también veo mi apellido: Torres.

Escribo con mi llave sobre la madera sucia, al lado de mi apellido: “ELISA TORRES 25 AÑOS 21/12/2006 A MI FAMILIA SE LE VA A HACER UN MILAGRO HOY EN MI CUMPLEAÑOS”.

Me quedo ahí, esperando el momento de poder levantar el mantel y salir de debajo de la mesa, en pijamas. Decirles que no fui a trabajar, contarles lo de mi trabajo y darles la sorpresa.

Yo a ellos.




Claudia Ulloa Donoso Perú, 1979 En 1996 obtuvo el primer lugar en su categoría en el concurso Terminemos el cuento organizado por el diario El Comercio y en 1998 el primer premio en el concurso El cuento de las 1000 palabras de la revista Caretas de Lima. Su obra ha circulado en diversas revistas como The Barcelona Review y Los Noveles; en el año 2006 editorial Estruendomudo publicó su primer libro: El pez que aprendió a caminar. Participa, además, en la antología Tripulantes (España). Blog: septimamadrugada.blogspot.com

microrrelato Juan José Arriola


"Teoría de Dulcinea"

En un lugar solitario cuyo nombre no viene al caso hubo un hombre que se pasó la vida eludiendo a la mujer concreta.
Prefirió el goce manual de la lectura, y se congratulaba eficazmente cada vez que un caballero andante embestía a fondo uno de esos vagos fantasmas femeninos, hechos de virtudes y faldas superpuestas, que aguardan al héroe después de cuatrocientas páginas de hazañas, embustes y despropósitos.
En el umbral de la vejez, una mujer de carne y hueso puso sitio al anacoreta en su cueva. Con cualquier pretexto entraba al aposento y lo invadía con un fuerte aroma de sudor y de lana, de joven mujer campesina recalentada por el sol.
El caballero perdió la cabeza, pero lejos de atrapar a la que tenía enfrente, se echó en pos a través de páginas y páginas, de un pomposo engendro de fantasía. Caminó muchas leguas, alanceó corderos y molinos, desbarbó unas cuantas encinas y dio tres o cuatro zapatetas en el aire. Al volver de la búsqueda infructuosa, la muerte le aguardaba en la puerta de su casa. Sólo tuvo tiempo para dictar un testamento cavernoso, desde el fondo de su alma reseca.
Pero un rostro polvoriento de pastora se lavó con lágrimas verdaderas, y tuvo un destello inútil ante la tumba del caballero demente.


Cuento de horror

La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de sus apariciones.

Ágrafa musulmana en papiro de oxyrrinco

Estabas a ras de tierra y no te vi. Tuve que cavar hasta el fondo de mí para encontrarte.


Prometeo a su buitre predilecta

Más arriba, a la izquierda, tengo algo muy dulce para ti. (Ella se obstinó en el hígado y no supo el corazón de Prometeo.)


Felinos

Si no domesticamos a todos los felinos fue exclusivamente por razones de tamaño, utilidad y costo de mantenimiento. Nos hemos conformado con el gato, que come poco.


El mundo

Dios todavía no ha creado el mundo; sólo está imaginándolo, como entre sueños. Por eso el mundo es perfecto, pero confuso.


De John Donne

El espíritu es solvente de la carne. Pero yo soy de tu carne indisoluble.

De escaquística

La presión ejercida sobre una casilla se propaga en toda la superficie del tablero.

Sin título

—¿De veras eso es fornicar? Yo creí que era otra cosa. Que era algo así como quién sabe. Eso que usted dice quisiera hacerlo todos los días, pero no más lo haba una vez a la semana, cuando mucho. Ya ve usted, la ignorancia…



Juan José Arreola (1918-2001), figura clave de las letras mexicanas, es uno de los escritores más reconocidos en el ámbito internacional; no sólo por su peculiar sentido del humor y su habilidad para borrar las fronteras entre la realidad y la fantasía, sino también por la precisión de sus metáforas.
Heredero de la estética vanguardista, supo darle un vigor sorprendente al género del micro-relato en textos en los que retrató conversaciones literarias, juegos de escrituras y magias irrepetibles. Como ilusionista nos instaló en lo fantástico con la elegancia de un viejo rey ajedrecista.